Damien Hirst regresa a la pintura

El autor, conocido por sus animales en formol y mariposas disecadas, expone en Londres 'No love lost, Blue Paintings', una muestra que da un giro en su trayectoria

El autor posa junto a una de las obras de la exposición.
Judith Mora / Londres

14 de octubre 2009 - 05:00

Damien Hirst, el enfant terrible del arte británico, conocido por sus animales en formol y mosaicos de mariposas disecadas, busca "reconocimiento" y "aprobación" con su sorprendente regreso a la pintura, según el comisario de su nueva exposición en la londinense Wallace Collection.

En este pequeño museo nacional, que aloja verdaderas obras maestras de la pintura europea clásica -coleccionadas en los siglos XVIII y XIX por la familia Wallace-, se exhibe hasta el 24 de enero la primera serie pictórica de Hirst, titulada No love lost, Blue Paintings. Se trata de 25 óleos pintados entre 2006 y 2008 con los que el artista, considerado el más influyente de su generación en el Reino Unido, vuelve a coger los pinceles en el sentido más tradicional, dando lugar a una obra figurativa.

Con este marcado giro en su trayectoria, dominada hasta el momento por provocadoras instalaciones de arte conceptual, Hirst aspira a "ser reconocido" y "a obtener la aprobación del público" (y, por supuesto, de la crítica), dijo a Efe el comisario de la muestra, Christoph Vogtherr.

La relación del artista de 44 años con su imagen pública -en la que se mezcla la admiración por su obra con un escepticismo por su marcado instinto comercial- "es de amor y odio", ya que tanto le disgusta como le saca provecho, apunta Vogtherr.

Así, en varias entrevistas previas a la presentación pública de sus cuadros -algunos de los cuales primero se expusieron en Kiev-, Hirst había expresado su temor a que la crítica los "destrozara", algo que el comisario no cree que finalmente ocurra.

"La sorpresa inicial de ver lo que ha sido capaz de producir se transforma después en un sentimiento positivo", señala Voghterr, que observa que las obras del debut son todavía una transición entre sus creaciones más conocidas hacia "un nuevo camino que no se sabe adónde conducirá".

No lost love (algo así como "Ningún amor perdido") es una serie de pinturas de marcados tonos oscuros, sobre todo azules y negros, y un tema recurrente: la muerte.

Desde sus vacas y tiburones en formol hasta sus composiciones con colillas, muchas de las obras del artista exploran ese concepto que le obsesiona y que vuelve a abordar en su obra pictórica, dominada por calaveras, huesos y ceniceros vacíos, que para él simbolizan cementerios.

En todas las obras -dos de ellas enormes trípticos- aparecen elementos típicos de la producción del artista -lo que confirma esa sensación transitoria-, entre ellos osamentas, esqueletos animales y lunares o topos dispuestos en sucesión.

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