Cecilia Bartolomé | Directora "A día de hoy, todavía resulta exótico ver a una tía al mando de un equipo de cine"

  • La productora valenciana fue la tercera mujer diplomada en Dirección por la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid en 1969

  • El Festival Internacional de Jóvenes Realizadores ha organizado hoy un encuentro con ella y proyecciones de sus películas a las 18:00 en Condes de Gabia

La directora Cecilia Bartolomé (Alicante, 1943), en una imagen reciente. La directora Cecilia Bartolomé (Alicante, 1943), en una imagen reciente.

La directora Cecilia Bartolomé (Alicante, 1943), en una imagen reciente. / G. H.

Aventurera, decidida, guerrera, inteligente, creativa, con carácter y un sentido del humor corrosivo. Así es Cecilia Bartolomé (Alicante, 1943), una auténtica amazona del cine que, en 1969, se convirtió en la tercera mujer diplomada en Dirección por la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid. La realizadora valenciana vio peligrar su carrera cuando censuraron sus primeras películas. ¿Cuál era el problema? Bartolomé hablaba abiertamente sobre los obstáculos de la mujer en el siglo XX: desde las conductas machistas aberrantes y la falta de libertad de las féminas, propias de la época, hasta las limitaciones a la hora de disfrutar de la sexualidad o el aborto.

No se dejó vencer. La productora firmó auténticas joyas como Margarita y el lobo, una adaptación musical "descarnada y rompepelotas" de un cuento de Gonzalo Suárez  sobre una mujer de clase media baja; el corto Carmen de Carabanchel (1965), aproximación a la vida sexual de una fémina de barrio madrileña; ¡Vámonos, Bárbara!, una especie de Thelma y Louise a la española con un mensaje claro: el camino a la liberación de la mujer, de una vida convencional llena de ataduras, es difícil pero posible; y un documental sobre la Transición, dividido en dos partes (No se os puede dejar solos y Atado y bien atado), grabado con su hermano José Juan Bartolomé.

Bartolomé, cigarro en mano, en sus primeros rodajes en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid (1965). Bartolomé, cigarro en mano, en sus primeros rodajes en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid (1965).

Bartolomé, cigarro en mano, en sus primeros rodajes en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid (1965). / C. B.

La artista, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2014, sigue en activo. "Aunque ahora le toca a otros recoger mi testigo. Hay muchísima gente con talento en este país", señala Bartolomé. Discípula de Berlanga, la artista protagonizará este jueves un encuentro en el Festival de Jóvenes Realizadores en el Palacio de los Condes de Gabia. La directora mantendrá una conversación con José Luis Chacón y Maite García Ribot, directora del certamen granadino, tras la proyección de Carmen de Carabanchel y Margarita y el lobo a las 18:00.

-Mujer pionera en la dirección de cine, feminista y censurada por el franquismo. Menuda carta de presentación. ¿Cómo vivió aquello?

-Soy una persona muy optimista y peleona por naturaleza. Sobre todo peleona. Mientras me den guerra, respondo muy bien. No me achanto. Las dificultades me estimulaban. Me encantó abrirme paso a bofetadas en la Escuela de Cine. En Dirección sólo entramos Josefina Molina y yo después de tantos años. El Centro de estudios cinematográficos de Madrid se fundó en 1947. Hasta entonces, alguna mujer había intentado entrar en Dirección sin éxito. Al final, Josefina y yo lo conseguimos. Sólo ella y yo nos titulamos en toda la historia de la Escuela de Cine. Eso quiere decir que peleamos mucho.

-¿Nunca les mangonearon sus profesores y compañeros?

-No nos mangonearon porque no los dejamos. Pero claro que tuvimos problemas. Algunos nos preguntaban: ¿Por qué te has metido a directora? Yo contestaba: ¿Tú por qué te has metido a director y eres tan gilipollas como pareces ser? Todo fue muy duro y peleamos mucho. Te suspendían injustamente a veces. En ningún momento me he sentido deprimida, oprimida. He sentido que tenía que batallar, que nada me lo iban a dar regalado en la vida.

-"Con solo una película en 1969 poco debió ser cuestionada por el franquismo", me dijo un internauta en un artículo que escribí sobre usted. ¿Qué estrategias utilizaron para censurarla y silenciarla en aquella época?

-Había hecho más películas. ¿Qué hacían? Desde suspenderme por el corto Carmen de Carabanchel a hacerme repetir curso. Igual ocurrió con Margarita y el lobo, un musical descarnado y rompepelotas sobre una mujer de clase media baja con sus problemas. Claro, meterme con el embarazo, el control de natalidad y el aborto en 1966, 1967, era arriesgarte a que por lo menos te suspendieran. Ya quisiera yo que sólo me hubieran prohibido una película. También prohibieron mi película de fin de carrera. Ahora me alegró de que me suspendieran Plan Jack Cero Tres porque eso me hizo rodar Margarita y el lobo, que es la que me ha dado más reputación y la que más se sigue viendo a día de hoy. Tengo que agradecer mucho a los profesores censores de la Escuela de Cine. Margarita y el lobo me pareció muy divertida. Está inspirada en un cuento de Gonzalo Suárez. A veces, las derrotas pueden convertirse en victorias. Doy las gracias a los señores que me suspendieron. También intentaron destruir Margarita y el lobo. Ahí conté con el apoyo de un millonario filántropo, Juan Huarte. La película se salvó gracias a él, que consiguió una copia.

-No sólo molestaba por ser mujer y directora de cine. Sus títulos tocaban temas candentes de la sociedad españoles de entonces.

-Claro. En esa época no se metían con las buenas mujeres. Ni en ésta. Me refiero a una ama de casa tranquila que ensalza la maternidad y lo bueno que es ser una buena esposa. No se meten con una mujer por ser mujer. Se meten con una mujer que reclame los mismos derechos que los hombres, y que critique conductas que nos parecen machistas.

Fotograma de '¡Vámonos, Bárbara!', opera primera de la directora valenciana. Fotograma de '¡Vámonos, Bárbara!', opera primera de la directora valenciana.

Fotograma de '¡Vámonos, Bárbara!', opera primera de la directora valenciana. / G. H.

-Se atrevió a rodar ¡Vámonos, Bárbara! cuando en España aún no se había aprobado la ley del divorció.

-Si fuera por la ley del divorcio no habría tenido problemas... Me inspiré en la gran directora Margarita Aleixandre para hacer Margarita y el lobo. Ahora la Filmoteca de Madrid le ha organizado un gran homenaje. Es una mujer que rompió barreras. Se enfrentó a Franco y terminó exiliándose de España. Fundó luego con sus compañeros el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficas. Sin embargo, su figura está oscurecida por completo. El problema es ese, que no se hable de ti, que desaparezcas, que no existas. La estrategia más peligrosa del machismo es la que tiene que ver con silenciarnos. Ahora somos muchas mujeres en la calle luchando. Las pasadas manifestaciones del 8-M han demostrado nuestro poder.

-¿No pensó nunca en exiliarse como Aleixandre? ¿Cree que hubiera hecho mucho más cine de haberse marchado a París?

-Estuve a punto de irme cuando hubo problemas con Margarita y el lobo. La Paramount europea me ofreció estrenarla allí. Les dije: "No estoy dispuesta a exiliarme". Franco estaba a punto de morir. Yo me crié en África ecuatorial, en la Guinea Ecuatorial, porque mis padres estaban allí destinados. El ambiente, a pesar de ser una colonia con sus colonizadores, no tenía nada que ver con este país en ese momento. Sufrí un shock al volver a la península, en donde todo me resultaba un poco extraño. El oscurantismo por parte de compañeros progresistas era de traca. Me parecía una España cutre.

-Qué sorpresa. Progres machistas. Hoy día también los hay.

-Claro que los hay. Es muy difícil luchar contra tantos años de hegemonía del hombre sobre la mujer. Ahora estoy con un proyecto sobre la historia de la humanidad visto desde el punto de vista de la mujer. Te pongo un ejemplo. Hace como siete años, me enteré de la historia de la creadora de los estudios de Hollywood, Alice Guy Blaché. Después de haberme graduado en Dirección, haber estudiado y haber leído tanto, no sabía de su existencia.

-Me habla de la historia del cine. Le pregunto ahora por la industria. ¿Una política de cuotas ayudaría a combatir la desigualdad?

-El debate es complejo. Me cabrea que tengan que ponernos en un apartado de protección especial como a los niños, los ancianos y las personas con discapacidad. Pero es la puñetera realidad. En las escuelas de cine, estudia y salen igual o más número de mujeres que de hombres, y luego representamos un 13% de las producciones. Algo va mal. A lo mejor hacen falta las cuotas. Es una ambigüedad. Igual puede resultar vejatorio que necesitemos protección. Perdona, no somos discapacitadas. Salimos igual de preparadas que ellos.

-El famoso techo de cristal.

-Sí, está ahí. Existe aunque no lo veamos. Tengo la sensación de que ver a una tía al mando de un equipo de cine es algo todavía exótico. En mi última película, rodada hace dos años en Cuba, aparecía en el set con mis botas de trabajo y mi sombrero al estilo Indiana Jones. Me faltaba el látigo para ser él. Tienes que hacer un poco el número e imponerte. Hay muchas personas que lo hacen de otra manera. A mí, armar un follón me encanta.

-Peleona siempre ha sido. Basta con ver su documental sobre la Transición, que rodó junto a su hermano José Juan Bartolomé. En él, mostraban a una sociedad muy dividida. ¿Ha cambiado mucho España?

-La sociedad española ahora la veo ahora casi más divida que entonces. La derecha era más civilizada. Acabábamos de salir de la dictadura. Hasta las personas más conservadoras eran muchos más revolucionarias que ahora porque se acaba de salir de algo muy duro. Las mujeres hicimos mucha piña. Cuando se hizo la Constitución, las Constituyentes –las 27 mujeres, diputadas y senadoras, que desde su trabajo parlamentario en la legislatura constituyente de 1977, fueron protagonistas del cambio político en España–, pese a tener ideas políticas muy distintas, se unieron. Esta Constitución costó mucho aunque ahora se critique. Fue aceptada por el Partido Comunista, recién creado, hasta la extrema derecha. Aquello costó muchísimo. Hay muchas cosas cuestionables, claro, y eso se refleja en el documental. Pero que vengan Rivera, Casado, Iglesias y Abascal a hacer una constitución nueva. A ver qué iba a salir de ahí.

La artista en un set de rodaje de 'Lejos de África' en Cuba. La artista en un set de rodaje de 'Lejos de África' en Cuba.

La artista en un set de rodaje de 'Lejos de África' en Cuba. / G. H.

-¿No se pondrían de acuerdo, no?

-No harían ni la o con un canuto. Mucho mérito tuvieron los constituyentes en una época tan conflictiva.

-Ahora muchos políticos intentan aprovecharse del conflicto catalán para arañar votos. ¿No le parece peligroso jugar con una cuestión así?

-Claro. Todos buscan su nicho. Me parece bien que intenten captar al mayor número de electores. En política está todo permitido.

-¿Hasta las consignas machistas y xenófobas?

-Afortunadamente, la derecha de este país es muy civilizada. Esta gente que critica la derecha actual, o no ha vivido el franquismo y no vio la derecha que salió de ahí, o son muy cínicos. Uno puede pensar lo que quiera mientras se respete al otro. Las diferencias entre PP y Ciudadanos son mínimas. No hay tanta agresividad de los nuevos franquistas que nos han salido. Vox me divierte. Podría discutir con Abascal sobre toros y caballos porque soy una señorita de colonias (ríe). No los considero una amenaza. Me parece un grupúsculo que estaba ahí. Yo lo he visto mucho más fuerte y agresivo cuando Fuerza Nueva campaba a sus anchas en la calle. Los de Vox me parecen unos folclóricos. A mí me gusta mucho el folclore. Que se queden con los toros, los caballos y la Feria de Sevilla. Buscan una España de pandereta que para desgracia de ellos ya no existe. Me recuerdan a los colonialistas ingleses en los años en los que ya no gobernaba. Lo que me preocupa es la gente que se los pueda tomar en serio.

-O los que los financian.

-Sí, pero sobre todo hay que preocuparse de los que les votan. Allá ellos con su cuota de gilipollismo. Aún así, lo dicho, no podemos dejar de lado el humor. Es como si se presentara Lola Flores a las elecciones. Sería muy divertido. Pues eso.

Una imagen de la ácida 'Margarita y el lobo', uno de sus primeros proyectos. Una imagen de la ácida 'Margarita y el lobo', uno de sus primeros proyectos.

Una imagen de la ácida 'Margarita y el lobo', uno de sus primeros proyectos. / G. H.

-Sus películas están caracterizadas precisamente por un gran sentido del humor. ¿Debería haber límites legales en el humor?

-Para nada. Hay que reírse de todo, hasta de la muerte, y no tomarse nada en serio. Esto lo aprendí de Berlanga, al que considero uno de mis maestros. Hay que tocar esta España desde el humor o desde el esperpento como hizo Valle-Inclán. España es un país de esperpentos o de humor esperpéntico.

-En Margarita y el lobo se vio el primer culo masculino de la historia del cine español. ¿Cree que la sexualidad se sigue mostrando de forma muy boba en la pantalla?

-Hace unos años sí. Ahora veo muchos desnudos masculinos en pantalla y en series. Es un debate ya superado. De cuando en cuando intentar crear escándalo con el tema. Yo, como me crié en África, veo el desnudo de otra manera. El cuerpo humano está ahí para que se vea. Un desnudo en plano general, el que utilicé para mi película, es antierótico. Esa era mi intención. No intentaba crear una escena erótica.

-¿Se habla lo suficiente de las experiencias de la mujer en el cine?

-La tendencia es que los personajes masculinos tengan mayor peso en la historia. No lo digo yo, lo dicen las estadísticas. Sin embargo, eso no quita que haya películas rodadas por hombres con personajes femeninos extraordinarios.

Bartolomé posa con un puro y un sombrero al estilo Indiana Jones. Bartolomé posa con un puro y un sombrero al estilo Indiana Jones.

Bartolomé posa con un puro y un sombrero al estilo Indiana Jones. / C. B.

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