León Siminiani | Director "Siento muy antinatural el yugo de la inmediatez de la era digital"

  • El realizador santanderino inaugurará el lunes el Festival de Jóvenes Realizadores con su segundo documental, el personal y enigmático 'Apuntes para una película de atracos'

El director de cine León Siminiani (Santander, 1971), en una imagen reciente. El director de cine León Siminiani (Santander, 1971), en una imagen reciente.

El director de cine León Siminiani (Santander, 1971), en una imagen reciente. / Juan Carlos Muñoz

La fascinación de León Siminiani (Santander, 1971) por las películas de robos le llevó hasta el Robin Hood de Vallecas, detenido en 2013 al salir de una alcantarilla después de atracar una sucursal de Bankia. El director santanderino lo conoció personalmente cuando cumplía condena en la cárcel y decidió rodar su historia. El resultado, el documental Apuntes para una película de atracos, acerca a la figura del ex delincuente, apodado Flako durante el metraje, y a la del realizador en paralelo.

Todo un experimento audiovisual donde charlan sobre su flamante paternidad, las diferencias de clase y sus consecuencias en el futuro de las personas, y, en definitiva, de seguir adelante a pesar de todo. El realizador inaugurará el lunes el Festival Internacional de Jóvenes Realizadores con esta segunda película, un documental de creación, tras recalar en el certamen con su opera prima Mapa

-En el tráiler de Mapa de jugar a un juego. ¿Se ha divertido haciendo Apuntes para una película de atracos?

-Sí, me he divertido, pero sobre todo he aprendido muchas cosas. He aprendido de mis propios prejuicios respecto a una persona como Flako a un delincuente y del sistema judicial español. En esta película he seguido en la línea de construir una historia que de alguna manera cincela la realidad.

-¿No concibe el cine sin riesgos?

-Apuesto por hacer películas en las que pueda tener mucho tiempo para componerlas. Riesgos los hay, sí. Sin embargo, prefiero tener tiempo y dedicárselo a algo más personal a tener una producción más establecida.

-Si algo no hay en el siglo XXI es tiempo.

-Ya. En ese sentido, es apostar por algo arriesgado. Lo de no tener tiempo en el siglo XXI es una cosa contra la que me rebelo bastante. Si me queda alguna capacidad de rebeldía de la antigua juventud, una de ellas tiene que ver con eso. Siento muy antinatural el yugo de la inmediatez de la era digital.

-El tiempo también está ligado al presupuesto. Este documental le ha llevado muchos años.

-El tiempo vale dinero, sí. Yo no he estado cobrando todo ese tiempo. La vida me ha puesto en una posición en la que puedo alternar producciones más ortodoxas con este tipo de proyectos donde el tiempo es tu aliado. Estoy muy agradecido por poder hacer ambas cosas. Con Apuntes aprendí a trabajar con la incertidumbre. Hubo momentos en los que pensaba que no iba a sacar adelante el proyecto. Cuando su mujer se niega a que haga el documental hubo un parón de casi un año. Intuía que si tenía tiempo suficiente iba poder darle la vuelta a la historia y contarla.

-El documental da un giro cuando se da cuenta de que Flako no es la persona que esperaba. Eso tiene que ver con el clasismo.

-El tema de la identidad de clase y la diferencia de clase es algo que subyace durante toda la película. Era una de las cosas que más me interesaba. Quería explorar el prejuicio que yo pudiera tener hacia él y viceversa. Eso estuvo en mi mente todo el tiempo. Él considera que hay una diferencia de clase hasta que nos hacemos amigos.

-En ningún momento justifica sus fechorías.

-Es muy importante mantener un equilibrio entre hacerle justicia a lo que le ocurrió y, por otro lado, no quitarle ningún hierro a lo que hizo.

-¿Cómo llega uno a meterse en la cabeza de un criminal sin llegar a comprarle su versión?

-No creo que sea muy capaz de meterme en su cabeza. Lo que intento, ante todo, es no juzgar y convivir. Intentas entender, pasas mucho tiempo con él y escuchas su historia. No creo que sea fácil ponerse en el lugar de alguien cuyo padre ha sido el mayor butronero de los 90, y que creció viendo dinero, cocaína y pistolas. He podido llegar a entender que su visión de la vida y su sistema moral y ético tiene que ser distinto al mío.

-El documental revela momentos muy íntimos de sus vidas.

-Me planteé el documental como un acercamiento a la figura del Flako, y pasar del de yo de Mapa al tú. Quería que la paternidad estuviera presente en la película. Era de lo que más hablábamos cuando iba a verle a la cárcel porque había sido padre el día que lo detuvieron por primera vez. Yo también iba a serlo en ese momento. Su mujer le dio un ultimátum: o la película o ella. Así que no iba a salir su hijo. Me planteé recuperar esa función autobiográfica siempre en espejo con él. Le pedí a mi chica si podíamos utilizar material nuestro y así contar a través de nosotros lo que no podíamos mostrar de él. Le debo mucho a ella. Ha sido muy generosa con su cuerpo para que esto se pueda contar.

-Una de las cosas que más me gusta es el montaje, la inclusión de escenas de otra película.

-Me alegro. Todo el tema de los grafismos y las ilustraciones lo ha llevado Raúl Mancilla. Ha sido un trabajo muy intenso. El objetivo era no perder el sustrato noir, de cine negro, que impulsó desde el principio el documental.

-Rodó El caso Asunta y ahora estrenará El crimen de Alcàsser, dos series documentales de investigación periodística. ¿Qué retos le ha supuesto estos dos proyectos?

-Son dos formatos muy distintos. Mis películas las trabajo con una libertad de narración mayor. Las dos series que he hecho de true crime son documentales de investigación periodística. La función que hay detrás de las series es, ante todo, periodística. Las dos son documentales, pero muy distintos. Eso es una demostración de que la no ficción es, en general, uno de los terrenos más ricos del cine hoy.

-¿No hay un punto de morbo en estos documentales?

-El morbo no está en el qué sino en el cómo. En cómo cuentas las cosas y por qué cuentas determinadas cosas. Nuestro obligación es ofrecer el relato más profundo y veraz posible. A partir de ahí, el morbo tiene que ver con una serie de decisiones que fomentan determinadas estrategias para conseguir el interés del espectador. El morbo lo pone el espectador. Es un debate necesario. Hay una responsabilidad alta a la hora de contar el crimen de Alcàsser y todo lo que rodeó al crimen. Lo que causó a nivel político, mediático, sociológico.

-El Festival Internacional de Jóvenes Realizadores ha pasado de contar con un presupuesto de 300.000 euros a menos de 50.000. ¿Un presupuesto más elevado hace mejor una película o un festival?

-Afecta casi más a un festival que a una película. Es muy mala noticia. El Festival de Jóvenes Realizadores era una de los festival más importantes del panorama español. Tiene sentido que Granada, uno de los epicentros culturales de comunidad universitaria más potentes de España, tuviera un festival así. Si lo que tiene es menos de 50.00 euros, que desconozco la cifra del presupuesto, lo que hace el equipo del FIRJ es un auténtico milagro. 

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