Cristina Morales | Escritora "En nuestra mano está ser guerrilleras en todas las situaciones de nuestra vida cotidiana"

  • La autora granadina ha hablado este jueves de su último libro, 'Lectura fácil', acompañada del escritor Munir Hachemi, en el Centro Lorca

  • El ácido, deslenguado y revolucionario relato ganó el Premio Herralde de Novela

Cristina Morales (Granada, 1985) posa antes de la presentación de su libro en el interior del Centro Lorca. Cristina Morales (Granada, 1985) posa antes de la presentación de su libro en el interior del Centro Lorca.

Cristina Morales (Granada, 1985) posa antes de la presentación de su libro en el interior del Centro Lorca. / Cristina Lidón

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Para Cristina Morales (Granada, 1985), "la lengua es un arma". La escritora granadina no duda en apretar el gatillo contra la corrección política, las superestructuras de poder y las estrategias de control del sistema neoliberal en su último libro. Merecedor del Premio Herralde de Novela y los elogios de crítica y público, Lectura fácil cuenta la historia de cuatro mujeres con "discapacidad intelectual" que viven juntas en un piso tutelado de Barcelona.

A través de sus vivencias, Morales critica el heteropatriarcado monógamo y blanco, la retórica institucional y capitalista, y hasta el activismo más rancio. Acompañada del escritor Munir Hachemi, la autora habló este jueves del ácido, deslenguado y ágil relato, donde además mezcla distintos géneros como el fanzine, el sistema de lectura fácil y el lenguaje jurídico, ayer en el Centro Lorca*.

-Cuestiona muchas cosas: el sistema de catalogación de las personas según su coeficiente intelectual, el heteropatriarcado, la izquierda, los fachas. ¿Lectura fácil es por encima de todo eso una crítica a la normalidad asimilada e impuesta en la sociedad hoy día?

-Sí, lo has dicho de maravilla. Se hace un examen de que se entiende por normal en cada situación concreta de las que se examina en el libro: las clases de danza, el piso tutelado, las instituciones de las discapacidad, la asamblea de los anarquistas. Rigen que es lo normal y cuando algo se sale de lo normal, de esa normalización, cómo es sistemáticamente atacado. Quizá hay una excepción en el caso de las asambleas de los anarquistas. Mi intención era probar cómo esos espacios, donde el pensamiento y las decisiones se toman de forma colectiva y no horizontal, sí que hay cierta cabida para lo no normal. Porque precisamente, desde una perspectiva anarquista, lo que se busca es romper esa normalidad para crear un estado de libertad.

-Las protagonistas de su libro, Nati, Marga, Patricia y Àngels, viven en los márgenes de los márgenes del sistema. ¿Se ha sentido usted así en el mundo de la literatura por su forma de escribir y por los temas de los que habla?

-Sí. Esta misma novela, sin ir más lejos, antes de ganar el Premio Herralde de Novela, fue censurada por otra editorial. No ha sido para nada fácil publicarla.

-He leído que le pidieron eliminar palabras, párrafos y hasta un capítulo.

-La editorial anterior cuando tuvo el manuscrito íntegro y estaba a punto de ser publicado, con detalles de la portada entre manos, alguien decide quitar el capítulo del fanzine o no sale la novela. La razón fundamental de la censura del libro ha sido el fanzine -donde se critica a Juan Soto Ivars, Pablo Pineda-.

-¿No echa en falta la publicación de más novelas como la suya, crítica, deslenguada, ácida, en el panorama español?

-Tengo hermanos y hermanas literarias. Pienso en Munir Hachemi, que acaba de publicar Cosas vivas en Periférica; en Angélica Liddell y en su obra en La Uña Rota; y en Borja Bagunyà y Max Besora, autores de Trapologia, que examinan el trap para hablar de la sociedad donde viven.

-Nati asiste a clases de baile a un centro cívico. Usted también es bailarina. ¿Cree que la danza, a veces tan cruel y discriminatoria con lo diferente, actúa de espejo de la realidad en este caso?

-Naturalmente. La danza es como es como es porque está inserta en la sociedad en la que está. La danza es uno de los lugares de disciplinamiento del cuerpo por antonomasia. Cuando el personaje de Nati se subleva de este disciplinamiento obviamente se le afea. No tenemos que referirnos al ballet. Hablamos de lugares donde se enseña danza contemporánea o que no son profesionales. Hablamos de clases de danza en centros cívicos. Claro que son un espejo de la sociedad en la que se insertan. No son burbujas, no son cápsulas.

-En las primeras páginas del libro, Nati y un compañero de clase discuten. "Después ocurrió lo de siempre en estos casos: el macho te dice que estás loca y que no tienes educación y las hembras te agarran amorosamente los hombros y te dicen que no te pongas nerviosa", escribe. ¿En qué medida los chistes contribuyen a sostener un sistema machista?

-Esos chistes existen al amparo del sistema que hace que eso sea gracioso. Pero bueno, está en nuestra mano revertir esa situación. En nuestra mano está ser unas guerrilleras en todas las situaciones de nuestra vida cotidiana. Es una lucha muy dura. A lo mejor el chiste te hace gracia, no te digo que no pueda hacerte gracia. El problema llega cuando el chiste no te hace gracia y como socialmente te pueden tratar de histérica o de loca te callas.

-Sí, hay una espiral del silencio, a lo que yo también contribuyo, que me revienta.

-De esa misma reventaera, de mi propio hastío, nacen esas escenas o ese personaje.

-Hablábamos antes de la censura. ¿Usted se ha autocensurado a la hora de escribir esta novela?

-Me gusta pensar que no. Si me hubiera autocensurado, la primera editorial no me habría censurado. Esa primera autocensura, la que nos ponemos los escritores y las escritoras en entender qué puede ser buena o mala literatura, qué temas pueden a atraer al editor o al público, ésa es la primera censura que tenemos que superar, porque nosotras, por desgracia estamos socializadas en el patriarcado, y somos las primeras que queremos sobrevivir en este mundo de mierda. Quiero pensar que cuando la cosa depende sólo de mí, que es el ordenador y yo y nada más, puedo ser todo lo libre que quiero. Ojalá lo consiga.

-No sólo critica a los machos fascistas o a los machos sensibles, que vienen a ser lo mismo, sino también a los progres machistas.

-Precisamente nuestros mayores enemigos no son aquellos que identificamos, que no son de nuestros círculos. Hablo de gente de derechas o muy conservadora. La lucha contra ello es diferente. La lucha que tenemos que implementar en nuestro día a día, a nivel efectivo. Hay momentos en que el amante es tu enemigo. Tu amante es tu enemigo porque se comporta como un machista, un fascista. Puede ser tu amigo, tu novio. El enemigo lo puedes tener metido en la cama. Con estos convencimientos, de no me voy a morder la lengua, me embarqué en la escritura de la novela. Me dije: "Quizá estos temas merecen una atención literaria".

*Gracias al programa Granada Ciudad de Literatura Unesco.

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