'Bodies for no black hole exp. Episode 01' | Crítica Nuevos rumbos

  • Ignacio Estudillo, pintor jerezano afincado en Granada, ofrece en su nueva muestra una mínima parte de esas soberbias experiencias pictóricas que lo han hecho uno de los pintores más lúcidos

Inauguración de la muestra 'Bodies for no black hole' en Condes de Gabia. Inauguración de la muestra 'Bodies for no black hole' en Condes de Gabia.

Inauguración de la muestra 'Bodies for no black hole' en Condes de Gabia. / G. H.

Ignacio Estudillo es un artista nacido en Jerez, en estos momentos afincado en Granada, al que hemos conocido desde que era estudiante de Bellas Artes. Ha formado parte de esa estupenda hornada de pintores jerezanos -Eduardo Millán, Rocío Cano, Antonio Lara, Jesús Rosa, Javier Palacios o Ana Barriga, por citar sólo unos pocos- que hoy son feliz realidad. Hemos sido testigos, por tanto, de su juiciosa carrera y lo hemos visto crecer como pintor y como artista de sapiencia y entusiasmo.

De todo hemos dado cumplida cuenta porque hemos asistido a momentos muy importantes en su discurrir artístico; a su éxito en ferias trascendentes donde su obra era adquirida por coleccionistas de gran significación, como la colección Masaveu; hemos sabido de sus numerosos premios de pintura -el último hace pocos meses dentro del Certamen Emilio Ollero de la Diputación de Jaén, donde ha obtenido el premio a los Jóvenes Talentos Andaluces-; hemos cubierto sus espléndidas exposiciones, llenas de sentido y dimensión pictórica -como aquellas de la Sala Cal de Jerez, la de la Galería ATM de Gijón o Recogidas Pinturas, en Amat Arquitectos de Granada-.

Desde un primer momento Estudillo ha realizado una pintura segura, con los criterios formales adecuados para cada situación; es un pintor serio, con una obra ajena a las coheterías y a los efectismos habituales; autor de una pintura con los justos argumentos plásticos que requería cada circunstancia. En su evolución ha desarrollado distintos planteamientos creativos, dotando a su pintura de distintas fórmulas -plásticas, estéticas y conceptuales- para que su obra no se quedara en una única posición ilustrativa; en definitiva, su pintura, ya en su aplastante joven madurez, aun con su contundente realidad representativa, ha organizado un entramado conceptual que promueve asuntos que iban más allá.

En estos estamentos creativos, Nacho Estudillo es de los mejores -estoy convencido de ello-; su pintura vibra, hace vibrar y crea las máximas expectativas; también las mayores inquietudes. Por eso me alegré inmensamente cuando Nacho me anunció que exponía en los Condes de Gabia; no era de extrañar pues, desde hace tres décadas, hasta la Plaza de los Girones han llegado, sin solución de continuidad, los jóvenes emergentes que, poco tiempo después, dejaban de serlo para convertirse en artistas definitivos de esos que están escribiendo la mejor historia artística del momento presente -los ejemplos se encuentran en la mente de todos-.

Sin embargo, debo decir que, esta exposición me ha cogido bastante por sorpresa. Esperaba encontrarme más pintura, esa formidable pintura que desentrañaba lo conceptual desde una portentosa clarividencia pictórica. En la sala sólo nos encontramos tres obras pintadas, una de ellas extraordinaria, una especie de magnífico autorretrato con un particularísimo desarrollo formal, evidencia absoluta de esa trascendente capacidad pictórica que caracteriza al artista jerezano.

La Sala Ático de Condes de Gabia nos ofrece, además, una gran instalación a modo de túnel que invita al espectador a traspasarlo como buscando ser abducido en ese agujero negro del que habla el título de la exposición Bodies for no black hole. Está claro que Estudillo ha escogido un nuevo camino de investigación. Lleva algún tiempo desarrollando una teoría sobre el papel del espectador y del espacio expositivo en el conjunto de la obra. Al tratarse de un proyecto de investigación, con una línea argumental clara, el conjunto no responde, a lo que se puede esperar de la obra de este artista, sobre todo para los que conocemos su obra y sabemos de los infinitos registros que puede alcanzar.

Con esta muestra busca, quizás, los argumentos que inciden en las maneras del espectador, en su miradas hacia las obras y en su complicidad definitiva ante el trabajo del artista. Se trata, pues de un nueva ruta en el camino artístico de un Nacho Estudillo poderosísimo artista, de infinitas capacidades. Una exposición que nos ofrece una mínima parte de esas soberbias experiencias pictóricas que lo han convertido en uno de nuestros pintores más lúcidos; pero que, con ella, el artista nos presenta una nueva cara, la del buscador incesante, la del investigador que no se detiene en una única mirada y se adentra por nuevos espacios por donde encontrar nuevas identidades.

El artista no se detiene en esas fórmulas brillantes que tantos éxitos y reconocimientos le han proporcionado. Eso es importante; en no acomodarse en los episodios seguros que le dan prestigio. Siente una nueva necesidad y con ella se presenta posicionándose en una realidad creativa para atisbar otros horizontes.

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