literatura

Reivindicación de Michael Cimino

  • La editorial Cátedra añade tres nuevas monografías a su colección 'Signo e imagen / Cineastas': Wong Kar-Wai, Nanni Moretti y Michael Cimino, un director al que es necesario reivindicar

Michael Cimino fue un artista controvertido, acusado de varias tendencias políticas a lo largo de su carrera. Michael Cimino fue un artista controvertido, acusado de varias tendencias políticas a lo largo de su carrera.

Michael Cimino fue un artista controvertido, acusado de varias tendencias políticas a lo largo de su carrera.

Empezaré esta reseña con un recuerdo: hace una eternidad, rondaba yo los veinte años, TVE emitió la versión íntegra de La puerta del cielo (Heaven's Gate). Yo conocía el resto de filmes dirigidos por Michael Cimino por entonces y todos me habían impactado por una razón u otra. No había visto éste, pero había leído sobre él y me intrigaba. El film era una superproducción de tres horas y media de duración que, tras un pésimo estreno en noviembre de 1980, había sido remontado y reducido a dos horas y media a fin de hacerlo más accesible. De nada sirvió. Según la historia oficial, el fracaso comercial mandó a pique a United Artists y La puerta del cielo se convirtió en una película cuasi maldita. Muy pocos habían visto la versión íntegra; no podía dejar escapar esta ocasión única; tenía que ver y grabar la película.

Se emitió un viernes por la noche, lo recuerdo bien -me servía del mando a distancia para detener la grabación durante las pausas publicitarias- y quedé tan impresionado que a la mañana siguiente, sábado, volví a verla de principio a fin. Luego, la habré visto seis o siete veces más. Su huella en mí es profunda, pero no creo caer en un dislate si digo que es una de las obras más hermosas y terribles que jamás se hayan hecho.

Al cinéfilo le queda una filmografía truncada por reveses comerciales, breve e intensa

Este recuerdo mío tiene algo de inevitable pues, como señala Pilar Carrera en su espléndida monografía dedicada a Michael Cimino (Cátedra, 2018), "es prácticamente imposible una aproximación a la producción de Cimino que no pase por las aventuras y desventuras de esta obra". Y es así por varios motivos. La puerta del cielo, una producción presupuestada inicialmente en 7,5 millones y que había acabado costando 44 millones, según Peter Biskind; La puerta del cielo, ese superwestern repleto de cosas inútiles a decir de Jack Kroll; La puerta del cielo ocupa un lugar central en la filmografía de Cimino -es el tercero de sus siete largometrajes- y compendia todas sus virtudes y, a decir de sus detractores, todos sus defectos.

En un ardid que calificaré de genial, Pilar Carrera se sirve precisamente de los términos usados usualmente en contra de este cineasta -el exceso, la ambigüedad- para darnos diversas claves de lectura de su cine. Ese gusto por la abundancia, incluso el despilfarro, y la turbiedad, incluso el enturbiamiento, forman parte esencial de su cine. La riqueza ornamental de este autor nos hace pensar en los grandes narradores del siglo XIX, aquellos que querían que en sus obras cupiera el mundo. Michael Cimino recarga el plano a fin de satisfacer la vista, que es el más voraz de los sentidos. La ambigüedad, en cambio, introduce una necesaria inestabilidad y convierte sus historias en anguilas escurridizas que adoptan formas variopintas y monstruosas.

Los relatos de Cimino están habitados de personajes dispares y contradictorios, plagados de aristas, colocados en situaciones extremas que sacan lo mejor y lo peor de ellos. El director elige siempre la distancia justa que le permite mostrar las razones de estos personajes sin participar necesariamente de ellas, un distanciamiento brechtiano que no se entendió como es debido. Cimino vivió el absurdo superlativo de ser tachado de fascista y reaccionario tras el estreno de El cazador (The Deer Hunter, 1978), aunque su visión de Vietnam fuera lo menos triunfalista que quepa imaginar, o ser calificado de marxista radical por su visión materialista de la conquista del Oeste en La puerta del cielo. Con cada nueva película, la crítica más indolente le colgaba una nueva etiqueta: Después de Manhattan Sur (Year of the Dragon, 1985) lo tildaron de racista por su retrato frontal de la comunidad china de Nueva York. "El siciliano me hizo pasar por un revisionista y con 37 horas desesperadas fui acusado de «glorificar la violencia doméstica» -confesaría Cimino-. En fin, Sunchaser provocó murmullos casi silenciosos acusándome de ser un espiritualista New Age".

El tiempo pasa y se lleva esta hojarasca inútil y lo que le queda al cinéfilo es una filmografía truncada por los reveses comerciales, tan breve como inmensa, llena de momentos imborrables: recuerdo la agonía de Lightfoot (Jeff Bridges) en los minutos finales de Un botín de 500.000 dólares; el paseo de Michael Bosworth (Mickey Rourke) en 37 horas desesperadas en busca de una casa donde emboscarse; la secuencia del funeral de Connie White (Caroline Kava) en la shakesperiana Manhattan Sur; el delicadísimo instante en que Michael (Robert De Niro) decide perdonar la vida al ciervo después de tenerlo en el punto de mira; el vals que la orquesta toca para el sheriff James Averill (Kris Kristoferson) y la prostituta Ella (Isabelle Huppert), cuando ya no queda nadie en La Puerta del Cielo, una secuencia esta última que me provoca una fortísima sensación de felicidad cada vez que la veo. La inclusión de Michael Cimino en la colección Signo e Imagen / Cineastas era obligatoria. Si en esta colección están todos los que son, Michael Cimino no podía faltar.

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