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Todas las danzas posibles, en una noche

  • El Birmingham Royal Ballet se despide del Festival de Granada con tres piezas que exponen su gran versatilidad

Veraniega, nocturna y paisajística, la última gran cita de la danza del 61 Festival Internacional de Música y Danza, ayer en el teatro del Generalife, fue una valiosa oportunidad para comprobar la ancha versatilidad del Birmingham Royal Ballet, tras su catedrática Coppélia del pasado jueves. Las desventuras transoceánicas de The Grand Tour, la modernidad de Take Five y las fábulas de The Dream repletaron de danza el escenario granadino y de suspiros de satisfacción el pecho de los asistentes.

La primera protagonista de la noche fue la ingenua turista del crucero de The Grand Tour (interpretada por Victoria Marr), una obra narrativa y de historia ligera, en la que la pasajera coincide por feliz casualidad en el barco con grandes artistas de la década de los 20, como la escritora Gertrude Stein, la actriz Mary Pickford, el escritor George Bernard Shaw, el autor Noël Coward, cuyas canciones inspiraron al coreógrafo Joe Layton esta obra, el cineasta Douglas Fairbanks... Y estos rechazan con hastío su admiración. El momento más romántico llegó cuando el sobrecargo del buque (interpretado por Tom Rogers) se acerca a la turista sentada y desengañada y la invita a bailar, hasta devolverle la sonrisa. Los juegos de luces, que con azules recrearon sobre los cipreses los reflejos del mar, aportaron teatralidad a esta pieza.

Después, jeté en el tiempo con Take five, una coreografía del propio director del ballet de Birmingham, David Bentley, tan reciente que se estrenó en 2007. Entró en escena el jazz elegante de Dave Brubeck, con su inmortal obra del mismo nombre de los años 60 que sigue perfectamente vigente. El ballet se presentó entonces moderno, con vestuario urbanita, actualizando su danza hacia lo contemporáneo.

Y para cerrar la velada (en la que la música en vivo de la OCG y The Colin Towns Band, bajo la dirección de Paul Murphy, fue un aliciente más), una pura revelación onírica que duró toda una hora, The dream, todavía en los años 60 pero muy distintos, recordando esta creación del gran Frederick Ashton sobre música de Mendelsshon e inspirada en el Sueño de una noche de verano de Shakespeare. El bucólico entorno arbolado del Generalife fue perfecto para dar vida a este cuento de hadas, en el que la hada principal, Titania, encarnada por Natasha Oughtred, vive una aventura de enamoramientos embrujados. El trabajo del ballet hunde aquí sus raíces en el respeto a la tradición y a la creación de Ashton. La noche en su conjunto reveló que la múltiple personalidad de la compañía no le supone ninguna crisis de identidad: clásica, contemporánea, moderna, innovadora, grandilocuente, sencilla...

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