OCG | Crítica 'La italiana en Argel' Una gran orquesta con sabor italiano

Ovaciones y aplausos en la despedida del concierto de la OCG, ayer en el Falla. Ovaciones y aplausos en la despedida del concierto de la OCG, ayer en el Falla.

Ovaciones y aplausos en la despedida del concierto de la OCG, ayer en el Falla. / G. H.

El auditorio Manuel de Falla recibió una poco habitual representación operística, con La italiana en Argel de Gioachino Rossini en el cartel. Granada, una ciudad que tradicionalmente no ha podido disfrutar de las bondades del lenguaje operístico por carecer de un espacio para ello, recibió este regalo de manos de la OCG, su orquesta, que demostró una vez más que la calidad y coherencia interpretativa son un sello de la casa aun cuando las dificultades económicas y limitaciones en espacio no lo favorecen.

Mucho se ha hablado de las dificultades de la OCG esta temporada, y particularmente en las últimas semanas, en las que sus músicos se han visto forzados a hacer visible su preocupación por la pervivencia del proyecto. La falta de compromiso de las instituciones públicas ha hecho peligrar la viabilidad de nuestra orquesta, ya que apenas se podían garantizar los sueldos; no hablemos ya de construir programaciones innovadoras, traer a directores invitados o hacer giras por el extranjero.

Lo que tenía que ser el estandarte cultural de nuestra ciudad se ha convertido, a ojos de la audiencia que día a día acude a sus conciertos y la apoya en redes sociales, en un objeto de preocupación, pues el fantasma de perder una realidad musical como la OCG se ha hecho cada vez más presente entre nosotros. In extremis, un compromiso de financiación obtenido la misma mañana de la representación de La italiana en Argel hizo posible su representación, y esperemos que estos compromisos se consoliden y devuelvan a nuestra ciudad el orgullo y esplendor que supone tener una de las mejores orquestas del país residente en Granada.

Volviendo a la música, siempre resulta placentero volver a disfrutar de la interpretación de la música de Rossini, autor operístico por antonomasia, y más aún si se hace con una de las óperas más divertidas y mejor valoradas. Y es que La italiana en Argel es un claro exponente del lenguaje del autor y de su gusto por las tramas de equívoco y por los enrevesados números de conjunto, sin olvidar las altas cotas de comicidad con que dota a sus personajes.

Pero en esta ocasión, además, ha sido todo un disfrute para los sentidos ver desarrollarse ante nuestros ojos la interpretación de la partitura con una representación semiescénica a cargo del director de escena Rafa Simón. Desde la obertura inicial supo optimizar las limitaciones de espacio haciendo aparecer a los personajes por las distintas puertas y escaleras del escenario, como si de un teatro romano se tratara. El uso de la luz, a cargo de Machú Gutiérrez, la presencia en escena de elementos de atrezzo visualmente muy efectistas y un diseño de vestuario icónico y llamativo fueron alicientes que optimizaron la concepción escénica de la obra, y contribuyó a dotarla de una vis teatral muy a propósito para el espacio disponible.

Si la puesta en escena fue un valor añadido a la producción, no por menos hemos de destacar el trabajo vocal de sus protagonistas, todos ellos de grandes voces muy apropiadas para la trama y la partitura rossiniana. Además, hay que mencionar que este elenco está muy relacionado con la lírica granadina, lo cual demuestra que se pueden obtener una interpretación digna de cualquier programación de ópera potenciando los valores de voces que pese a ser locales merecen estar a la altura de los grandes teatros de ópera del país.

Indiscutible fue la luz con la que brilló la alto Karina Demuroba en el papel del Isabella, la italiana que decide viajar a Argel para encontrar a su amado Lindoro; desde su primera intervención su voz se destacó con la claridad y belleza de un instrumento privilegiado, de gran riqueza tímbrica y potencia expresiva. Cada una de sus apariciones fue de la más alta calidad, y estuvieron acompañadas de una presencia escénica arrebatadora. También la soprano Inés Ballesteros estuvo a la altura, con una bella realización de su papel de Elvira, mujer del rey de Argel; su voz timbrada y de ricos armónicos en los agudos la hacían destacar oportunamente en los números de conjunto, en los que Rossini le proporciona una línea melódica predominante.

Precisamente el rey de Argel Mustafá de esta producción fue un grato descubrimiento, interpretado por José Coca Loza, que apenas habíamos visto hasta ahora en producciones de este tipo; Mustafá constituye un pilar destacado de la trama, y por tanto requiere de una voz a la altura de las dos anteriores, algo que José Coca consiguió demostrar. Cerrando el cuarteto protagonista tenemos a deseado y buscado Lindoro, interpretado por Jorge Franco, quien desplegó una bella voz muy rossiniana, aunque por momentos falta de potencia.

Entre los papeles cómicos que acompañan a este juego de dobles parejas encontramos tres bellas voces de la lírica en Granada: la soprano Verónica Plata en el papel de Zulma muy oportunamente interpretado en cada réplica; el barítono Víctor Cruz genial en su realización de Taddeo, con grandes aciertos vocales y una vis cómica muy a propósito del personaje; y el rotundo y presente Francisco Crespo, cuya espléndida voz de bajo estuvo puesta al servicio de Haly, capitán de los piratas y lugarteniente de Mustafá.

Todos estos elementos fueron puestos en común bajo la audaz y siempre justa en metro batuta de Giancarlo Andretta, que supo imprimirle a su interpretación cierta frescura y dinamismo muy a propósito para la partitura; además, hay que valorar la espléndida realización del bajo continuo que realizó el propio director. Hay que destacar su labor al frente del Coro y de la OCG, particularmente en los pasajes instrumentales de la obertura y en el rico juego melódico de los números de conjunto. La orquesta sonó maravillosamente, motivada y entregada, disfrutando de la interpretación y ofreciendo a su público su agradecimiento por el apoyo prestado de la mejor forma que saben hacer: regalando la mejor música.

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