67 festivaL DE MÚSICA Y DANZA primera representación en granada

El regreso del 'nómada'

  • El bailaor y coreógrafo granadino Manuel Liñán volvió a su ciudad con motivo del Festival de Música y Danza

El regreso del 'nómada' El regreso del 'nómada'

El regreso del 'nómada' / carlos gil

El coreógrafo e intérprete granadino, Manuel Liñán cubrió anoche la deuda que su espectáculo flamenco, Nómadas, tenía con la capital después más de cinco años de gira a sus espaldas ya que esta es su primera representación en la ciudad de la Alhambra.

En ella, el bailaor galardonado con tres premios MAX a lo largo de su trayectoria, evidenció un recorrido por los diferentes palos del flamenco a través del cante, el baile, la voz y la guitarra de los onces artistas que junto a él pisaron el escenario del Teatro Isabel La Católica. El espectáculo mostró la doble faceta de Liñán, a la vez cuerpo y dirección en la escena, con una poética a veces proyectada en otros intérpretes y otras expuesta en su propia acción en el baile. Una postura artística que al mismo tiempo demostró estar pegada a la tierra, dejando constancia de los distintos ritmos que habitan entre una y otra zona geográfica del mapa andaluz. El propio ADN del flamenco y su libertad congénita a su cultura, expresada a través del cuerpo y la percusión sonora del taconeo y las seis cuerdas, inspiran y desarrollan las distintas texturas de la danza y el movimiento que transcurre a lo largo de Nómadas atravesadas por la peculiar mirada de Liñán.

Y es que son los distintos lugares y circunstancias del autor los que a lo largo del espectáculo se percibe que dan nombre y personalidad a cada palo elegido para este repertorio, donde la caña, la seguiriya, los fandangos de Huelva, las alegrías de Córdoba o el taranto granadino fueron sólo algunos de los 'caminos' que transitaron sus intérpretes.

Durante la hora y media que duró la representación, el cuadro de artistas compuesto por las bailaoras Anabel Moreno, Águeda Saavedra, Inmaculada Aranda, y los otros tantos bailaores, Adrián Santana, Jonatan Miró y el propio Manuel Liñán, trazaron una coreografía, que al golpe de las guitarras de Víctor Márquez "El Tomate" y Francisco Vinuesa y el desgarro de las voces de Miguel Ortega, Miguel Lavi, David Carpio, dejaron patente la pluralidad de estilos y la riqueza en la indagación escénica que el autor granadino tiene como firma característica.

La "fantasía coreográfica", como él mismo la denominó, que rige este espectáculo deja buena muestra del "viaje colectivo" que supone para él vivir en el diálogo de sus dos miradas. Entre la dirección y la proposición del cuerpo del bailaor, que en sus ojos bicéfalos entiende los lugares que ha transitado, ya sean artísticos o meramente geográficos, y los incorpora para mostrarlos al público.

Una vuelta a casa la de este 'nómada' de la escena, que pasadas casi dos décadas de su debut sobre las tablas, viene a demostrar, en definitiva, la buena salud del flamenco en su ámbito más creativo y experimental.

El espectáculo se estrenó en Granada ayer en el Isabel la católica

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