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Análisis

Antonio Sempere

Intocables

La televisión pone patas arriba sus límites, como ha pasado con Gabilondo

La televisión ha sido en buena medida la responsable de que en nuestro país algunos temas y personajes hayan dejado de ser intocables. Sucedió con la monarquía cuando las privadas se atrevieron a llevar a las tertulias cuestiones hasta entonces inéditas y ha sucedido con personajes de prestigio como Iñaki Gabilondo, al que el imitador Raúl Pérez saca a pasear de vez en cuando.

Lo último fue antológico, al presentarnos a un Gabilondo completamente beodo. Confieso que tuve que frotarme los ojos para constatar que estaba despierto, pero en Late Motiv osaron llevarlo a cabo. Y no es que Iñaki no sea capaz de encajar las bromas con sentido del humor. Participa con regularidad en las promociones de la cadena, bien sea con los pantalones cortos con que presentaron la actual temporada, o como director del coro que cantaba el villancico navideño con look de Juego de tronos.

Pero esto iba más lejos. Se trataba de analizar los posibles pactos postelectorales. Para lo cual el trasunto de Gabilondo, Raúl Pérez, pidió cinco chupitos con los colores de las principales formaciones políticas. Lo que se vio después de dejar los vasos vacíos no se había visto en televisión. Salvo en aquellas actuaciones de Andrés Pajares y Fernando Esteso en los especiales de Nochevieja de hace treinta años.

No es que me escandalice. Todo lo contrario. Volviendo al principio, sólo trato de constatar el poderío de la televisión a la hora de poner patas arriba los límites. Puede que haya quienes estén en desacuerdo, y opinen que ahora son las redes sociales las que mandan. Yo sigo defendiendo la eficacia de la televisión, de la que después, eso sí, las redes se hacen eco amplificando el mensaje.

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