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Análisis

joaquín aurioles

La dimensión territorial de la economía

Los estudios sobre convergencia regional coinciden en que los desequilibrios territoriales en España están más o menos como hace 40 años. Ésta es la impresión general, pero si se entra en el detalle de los datos que conducen a esta conclusión se pueden añadir algunas precisiones de indudable interés para la controvertida política territorial.

Madrid ha sido, sin lugar a dudas, la comunidad más beneficiada del denominado "Estado de las autonomías". En lo que va de siglo ha conseguido aumentar en 1,4 puntos su participación en el producto nacional, mientras que la segunda, Cataluña, tan sólo lo ha hecho en un cuarto de punto. En sentido contrario, Castilla y León, cuya participación en el PIB nacional se ha reducido en 0,65 puntos desde el año 2000, habría sido la más perjudicada, seguida de Comunidad Valenciana, Canarias y Asturias. Andalucía también figura, aunque en menor medida, entre las perjudicadas.

La dinámica territorial de la economía española es intensa y con matices no siempre bien conocidos. Quizá el más interesante sea el aumento de la concentración de la actividad económica en las comunidades más desarrolladas. Un dato bien elocuente es que de las 17.753 empresas extranjeras con establecimientos en España en 2017, 4.831 estaban localizadas en Madrid y 4.187 en Cataluña, es decir, más de las dos terceras partes del total.

Un segundo matiz de interés es el sectorial. Madrid, Andalucía y Cataluña son, por este orden, las economías regionales que menos se parecen a la del conjunto de España. Madrid, porque concentra casi la mitad de la producción nacional del sector de la información y las telecomunicaciones y la tercera parte de las actividades profesionales, científicas y técnicas. Cataluña también resulta atractiva para el sector de información y telecomunicaciones, así como para el sector inmobiliario y los de administraciones públicas, sanidad y educación. En Andalucía también aumentan las actividades inmobiliarias entre 2000 y 2018, pero sobre todo la aportación del sector primario a la producción nacional, mientras que reduce la de actividades de contenido tecnológico y de servicios profesionales, científicos y técnicos.

La crisis de 2008 también tuvo importantes efectos territoriales. Madrid, Cataluña, Baleares y País Vasco fueron las más resistentes, mientras que Comunidad Valenciana, Andalucía y, en menor medida, Castilla y León y Asturias, fueron las más vulnerables, lo que supuso el final del intenso proceso de convergencia durante la burbuja inmobiliaria y el inicio de una acusada dinámica divergente.

La dinámica de concentración territorial de la producción y el empleo continuará en los próximos años en España, salvo que lo impida el procés en Cataluña o se adopten políticas ad hoc para corregirlo. Las actividades de mayor contenido tecnológico y los servicios profesionales, científicos y técnicos continuarán siendo las más proclives a la aglomeración, con puntuales efectos positivos de derrame por proximidad, como el de Castilla-La Mancha, aunque, para comunidades como la andaluza, la perspectiva sigue siendo la de un mayor peso relativo en actividades de corte tradicional.

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