En tránsito

Autónomos

La Administración es lenta, incompetente y carísima. Y peor aún, nadie se preocupa de evaluar sus servicios

Dice el ministro Escrivá -que se da un aire al alcalde de Loca academia de policía- que la reforma que ha presentado para las cotizaciones de los autónomos cuenta con la aprobación mayoritaria de todos los implicados. Bueno, no sé con qué asociaciones ha tenido tratos el ministro, pero le puedo asegurar como autónomo que soy que todos los colegas que conozco tienen una opinión muy clara sobre la reforma, que no puedo reproducir aquí porque incurriría -me temo- en varios delitos de apología del terrorismo. No voy a explicar con detalle las nuevas cotizaciones que pretende introducir el modelo propuesto por el ministro -los tecnicismos son muy aburridos-, pero baste decir que en muchos casos se acercan a la confiscación de la mitad o más de la mitad de los ingresos de un autónomo. Y eso que el pobre autónomo, una vez desollado por los simpáticos funcionarios de la Seguridad Social, deberá enfrentarse a los amables y solícitos inspectores de Hacienda. Es como luchar tres años en el desierto del Sahara, para que cuando vuelvas a casa te ordenen presentarte de inmediato para ir a combatir al Polo Norte.

El ministro asegura que el nuevo sistema es flexible y permite calcular las cuotas de los autónomos en función de los ingresos reales y de las oscilaciones de cada mes. Si esto fuera así, no habría nada que objetar. El problema es que ahora mismo la Seguridad Social -como casi toda la Administración pública- no dispone ni de tecnología ni de funcionarios competentes para realizar una tarea así. Las únicas páginas web de la Administración española que no se colapsan y siempre funcionan bien son -sí, ya lo habían imaginado- las de la AEAT, las de Hacienda. Pero las demás son arcaicas y lentas y siempre están sobresaturadas. Cualquiera que haya tenido que realizar gestiones telemáticas con la Seguridad Social sabrá de lo que hablo. Todo es lento y desesperante. Todo es embarullado. Todo te hace perder horas y horas de tu tiempo (un tiempo, por cierto, que no está remunerado como el de los ágiles funcionarios). O sea que es absurdo -o peor aún, insultante- proponer un modelo que cualquier usuario sabe que no funciona. La Administración española sigue siendo lenta, incompetente y carísima. Y peor aún, nadie se preocupa de evaluar sus servicios. Pero siempre se podrá despellejar a un autónomo para que pague la fiesta.

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