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El lanzador de cuchillos

CATwoman

La última señalada por la Stasi mediática y tuitera se llama Cayetana Álvarez de Toledo, la portavoz del PP en el Congreso

En 1989 asistimos a la caída del Muro de Berlín, pero a Jean Francois Revel su olfato le decía que aquel difunto aún gozaba de buena salud. "El Muro -dijo entonces con el recelo de quien ha visto demasiado- ha caído en Berlín, pero no en los cerebros". Treinta años después podemos decir que no se equivocaba: la izquierda del púlpito, la uniformidad y el dogmatismo sigue aquí, más viva que nunca. Con su juego de siempre: tachar de criminal al que discrepe y reducir al silencio a los herejes. En nuestro país, la última señalada por la Stasi mediática y tuitera se llama Cayetana Álvarez de Toledo (en adelante, CAT), y es, todavía a esta hora, la portavoz del PP en el Congreso. Sabemos por Almudena Grandes, la escritora global, que España es una idea de derechas. Por eso, a una televisión de obstinada militancia izquierdista como La Sexta le resulta natural mofarse de sus símbolos -recuerden el numerito precoronavirus de Dani Mateo con la bandera- y darle pábulo a todo aquel que tenga un interés directo o implícito en desmontarla.

Y CAT, que se conduce en la vida y en la política con una valentía apabullante, se fue al corazón de Atresmedia a denunciar públicamente lo que sus compañeros de partido sostienen sólo en privado: que La Sexta -cadena del grupo, salvada en 2012, no por Jordi Evole, sino por Mariano Rajoy- hace negocio a costa de erosionar la democracia española.

Decir la verdad es, al parecer, algo tremendamente facha. Tanto que los dirigentes populares autoproclamados moderados -esos que reniegan de Vox, pero no le hacen ascos a gobernar con sus votos- salieron en tromba, no a defender a la portavoz de su partido, sino a reconvenirla y ponerse de inmediato a disposición del matrimonio Pastor-Ferreras.

Ya he contado esta anécdota en alguna ocasión. Ocurrió en la Feria del Libro del año pasado. El historiador y Premio Príncipe de Asturias John Elliott presentaba su último ensayo y me acerqué a escucharle. Terminado el acto, le pedí que me firmara el libro. Mientras improvisaba una dedicatoria, le pregunté por su discípula Cayetana. "Espero que tenga suerte en su vuelta a la política", comentó sin demasiada convicción. Le hice notar que en España nos pasamos la vida pidiendo que a la política lleguen los más preparados y cuando personas con el bagaje cultural, la firmeza de convicciones y la capacidad dialéctica de CAT dan el paso nunca se lo perdonamos. Entonces, sir John dejó el bolígrafo sobre la mesa donde firmaba, levantó la cabeza y me miró con curiosidad antes de hacerme esta confesión: "La verdad es que yo tampoco le auguro un futuro muy halagüeño. Es demasiado brillante". E irritantemente libre.

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