En tránsito

Los Goya

Hay algo un poquito cargante en esa ceremonia de autobombo desenfrenado que se paga con dinero público

Por qué no hay una gala de los Goya para los profesores de instituto que más han destacado en su trabajo? ¿O para los médicos y personal sanitario que mejor tratan a sus pacientes? ¿O para esos profesionales, por lo general innominados, que trabajan a destajo por un salario miserable? ¿Y para los voluntarios de los comedores sociales? ¿Y para los equipos de rescate de refugiados?

Lo pensaba el otro día viendo la gala de los Goya. Me molestan mucho esas críticas displicentes que tratan a todos los profesionales del cine de "titiriteros" y de "sinvergüenzas subvencionados". Pero también hay algo un poquito cargante -por decirlo de una manera suave- en esa ceremonia de autobombo desenfrenado que se paga en gran parte con dinero público. No conviene olvidar que el sector del cine está fuertemente subvencionado y que hay muchos estamentos profesionales que no cuentan con subvenciones de ninguna clase, a pesar de que hacen un trabajo igual de importante y en condiciones mucho más penosas y desagradables. Que les pregunten a los profesores de instituto que se dejan la vida -los hay, y muchos- por unos alumnos que ni los respetan ni los escuchan. O a los médicos de urgencias, a quienes muchas veces les pasa lo mismo. O a los voluntarios de los comedores sociales y de los bancos de alimentos. En sus vidas no hay glamour ni premios ni pasarelas rojas, ni mucho menos elogios y entrevistas en papel couché. Ocurre más bien todo lo contrario, pero esta gente sigue haciendo su trabajo sin quejas y sin ruido, o con muchas menos quejas de las que se merecerían. No convendría olvidar estas cosas.

Quizá lo que más molesta de la ceremonia de los Goya son las quejas continuadas. Y sí, ya sabemos que hay mucho paro entre los profesionales del cine, pero ¿qué pasa con el paro que hay entre cientos de otras actividades profesionales? ¿Es que no hay paro entre los mayores de 50 años? Y repito que esa gente hace su trabajo -cuando lo encuentra- en condiciones mucho más penosas. Estas cosas se deberían tener en cuenta cuando uno sale a recibir un premio. El cine español hace muy buenas películas -está empezando una época dorada de nuestro cine-, pero sería bueno que dejara de dar la eterna imagen del adolescente consentido que tiene una rabieta. La última gala de los Goya fue más calmada que otras, por fortuna, pero sobraban tantas quejas.

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