Desde la antigüedad han existido compositoras famosas. Recordemos en Grecia a Pitia de Delfos, Telesila de Argos, Safo de Lesbos, o Polygnota hija de Sócrates de Tebas.

En Bizancio en el siglo IX encontramos a las primeras compositoras de las que se ha transmitido su música en partituras, antecediendo dos siglos a los que diversos libros consideran como la primera mujer de la que conservamos su música, Hildegarda von Bingen (1098-1179), abadesa del Monasterio de Rupertsberg en el Sacro Imperio Romano Germánico, conocida también como la Sibila del Rin o la Profetisa teutónica.

Kassia, mujer real, mito y leyenda, será la compositora más destacada en la himnografía bizantina del siglo IX. Nació alrededor del año 810, probablemente en Constantinopla, y murió entre los años 843 y 867. Se le atribuyen más de cincuenta cantos litúrgicos.

Kassia se ha convertido en una leyenda en el folclore bizantino. Se cuenta que participó en el juego por el que el emperador elegía esposa. El primer cronista que ha documentado el incidente es Simeón Metafraste el Logoteta del siglo X. La leyenda popular lo cuenta así: Con una manzana de oro en la mano [el emperador Teófilo, ca. 830, reinó del 830 hasta el 842] caminó lentamente entre dos filas de contendientes bellezas, sus ojos se fijaron en los encantos de Kassia, y, en la torpeza de una primera declaración, el príncipe dijo "que en este mundo, la mujer había sido la causa del mal [en referencia a Eva, la primera mujer creada], "Y sin duda alteza", respondió alegremente Kassia: "Ella también ha sido motivo del mayor bien" [en referencia a la Virgen María]. Este golpe de ingenio desenfadado e inteligencia no agradó al amante imperial, que se volvió de lado con disgusto. El silencio sumiso de Teodora fue recompensado con la manzana de oro y por tanto eligiéndola como esposa.

Kassia en 843 se decide a fundar su propio monasterio que llevará su nombre, en la colina séptima de Constantinopla. Allí pasó el resto de su vida como abadesa, componiendo música.

La obra más famoso de Kassia que todavía se canta hoy en día es su troparion La mujer caída, sobre María Magdalena, cantada por la mañana en el Oficio del Miércoles Santo, aunque técnicamente es para el final del Oficio de Vísperas del Martes Santo. También envuelta en la leyenda, se cuenta que es un poema autobiográfico, el emperador seguía enamorado de Kassia y fue en secreto a visitarla al convento, ella se escondió, pero él vio en su celda el poema y completó unos versos (el verso octavo). Cuando se canta esta melodía las prostitutas suelen acudir al templo a escucharla.

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