Lapidario

Problema de incoherencia

Habrá quien piense que es censura y habrá quien se ofenda. Retirar una obra escultórica del Ayuntamiento en una época en la que todo se mira con lupa no es la decisión ni más democrática ni más liberal ni más abierta de mente, pero el debate es más amplio. La cuestión va más allá de la polémica surgida a raíz de la pieza Carne de vulva, eliminada del Consistorio por, supuestamente, herir sensibilidades. Uno de los grandes temas a tratar hoy es la incoherencia que se manifiesta desde numerosos ámbitos de la sociedad. Es el silogismo barato de si lo hago yo está bien pero si lo hace mi opuesto está mal. Es como los chistosos o los bromistas que cuando son ellos los que son el centro de las burlas se sienten atacados enseguida. O como cuando el humor sólo es humor cuando se mofa del contrario. La sociedad asiente a tal proceso de infantilización (en el único sentido peyorativo de la palabra) que resulta difícil crear un debate serio para que todos nos riamos juntos y, de paso, impere el respeto sin tener que cogérsela con papel de fumar a cada momento.

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