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El lanzador de cuchillos

Proceso al procés

Bajo la piel de cordero de los líderes del procés se esconden lobos supremacistas, xenófobos y autoritarios

El juicio que se desarrolla en el Tribunal Supremo contra los líderes del proceso soberanista catalán que desembocó en el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017 y la declaración unilateral de independencia cumple hoy su primera semana. El proceso al procés ha arrancado con una expectación extraordinaria: se han acreditado 600 periodistas de 170 medios nacionales e internacionales y las sesiones están siendo retransmitidas en streaming en un ejercicio de transparencia que tiene algo de humillante: toda claridad es poca, habrá pensado, sin embargo, el presidente Marchena, en un asunto que el nacionalismo catalán quiere presentar como un proceso a la justicia y la democracia españolas. Para ello cuenta con la inestimable colaboración de los subvencionadísimos medios afines, el periodismo progre nacional y la inmensa mayoría de la prensa extranjera, que, para nuestra desgracia y contra toda evidencia, sigue viendo a España como un producto democrático poco acabado.

La gran patraña que, con alguna notable excepción, los acusados y sus voceros pretenden hacer pasar por la verdad revelada es que estamos ante un juicio político, en el que los dirigentes independentistas están siendo juzgados por sus ideas y no por la comisión de graves delitos contra el orden constitucional. Esa es la historia con la que tocan a la puerta de las almas cándidas y que cuentan una y otra vez -como el tonto Simón- a todo el que quiera perder unos minutos de su tiempo. Su estrategia es presentarse ante la comunidad internacional como pacíficos apologetas de la autodeterminación de los pueblos y campeones del diálogo. El iluminado Junqueras, líder ideológico de la autodenominada revolución de las sonrisas, ha renunciado incluso, como hemos podido ver, a su defensa jurídica para mantener el martirologio separatista.

El procés que ahora se enjuicia ha desatado una verdadera orgía de vacuidades centrada en la palabra "diálogo", repetida cual fetiche simbólico, pero, como dice Savater, lo que está en juego no es el conflicto entre dos formas de administración territorial, ni la modificación de uno o varios artículos constitucionales, ni por supuesto la emancipación colonial de lo que nunca fue colonia, sino la pugna del Estado de Derecho que protege el pluralismo contra el totalitarismo que busca imponer la sumisión a un ideario de homogeneidad étnica, monolingüismo institucional y barrido feroz de cualquier signo político o social adverso. Bajo la piel de cordero de los líderes del procés se esconden lobos supremacistas, xenófobos y autoritarios y España tiene, quizá por última vez, la oportunidad de hacérselo saber al resto del planeta.

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