El duende del Realejo

Sevilla está muy lejos…

Ahora parece nacer un sentimiento entre los que quieren recuperar algo de la Granada que nunca debió de dejar de ser

Siempre he pensado que lo peor que pasó a Granada en toda su historia fue, paradójicamente, el descubrimiento de América. Hasta ese momento, todos los caminos de la península -en los que confluían los de Europa- se dirigían hacia estas tierras, siendo ríos de criaturas ávidas de conocer otros mundos y encontrar nuevas oportunidades para sus dificultosas vidas que, sin que la gran mayoría lo vislumbrase aún, estaban saliendo a marchas forzadas de la Edad Media y se zambullían en un salto, casi mortal, en lo que luego dimos en llamar Renacimiento. Y eso era ya cosa muy distinta.

La conquista de la ciudad -y por ende del último reino musulmán en Europa- supuso una enorme, inusitada alegría en toda la cristiandad. Dicen que no hubo campana en aldea ni villorrio alguno que no tañese con fuerza al conocer la caída del reino musulmán granadino y su incorporación a la cultura cristiana europea, quedando así el continente en su totalidad bajo el signo unitario de la Cruz.

Así fue que Granada, al menos durante la centuria que los italianos llamaron el "cinquecento" y aún parte de la siguiente, fue cambiando radicalmente su fisonomía, llenándose de templos y palacios e invadiendo el sonido de las campanas; y su influencia religiosa, filosófica y social; la totalidad de las tierras y los aires granadinos. El futuro capital de la ciudad era o parecía ser impresionante e infinito. Lo primero fue, lo segundo no. La historia de gloria y de opulencia quedó truncada cuando las naves de Colón -que había firmado las Capitulaciones meses antes en Santa Fe- tocaron las costas de las "Indias Occidentales" y al nacer la carrera de Indias, menguó drásticamente el halagüeño futuro del viejo reino de Granada.

Pero aún siguió siendo esta ciudad tremendamente atractiva para muchos, que seguían llegando hasta aquí y que hicieron de Granada esa ciudad de leyenda que aún pervive. El poder y el dinero se fueron hacia Sevilla que era donde comenzaba, precisamente, el camino nuevo a los negocios y al futuro, al "otro mundo" en el que la vida parecía podía comenzar de nuevo en medio de la dicha y la abundancia.

Granada, que siempre fue protegida de la Corona, devino por los subsiguientes caminos de la historia hacia los campos de la cultura y el prestigio en las artes -todas- y las letras. Y fue -continuó siendo- capital natural de las antiguas tierras de su reino.

Aunque mentira parezca, para Granada, Madrid siempre estuvo cerca y nunca fue rival. Pero Sevilla… Sevilla estuvo más lejos. Lo estuvo entonces y lo está.

Ahora parece nacer un sentimiento entre los que quieren recuperar algo de la Granada que nunca debió de dejar de ser, porque, sin explicación alguna, no se lo permitieron. Y es que, Sevilla, ¡ay Sevilla!, cada día está más lejos… ¿O no?

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