Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Virus racimo

La crisis del Covid está repleta de éxitos que no eran tales: Israel, Chequia, Asturias. Tampoco Andalucía

La primera ola del Covid llegó unos 14 días más tarde a Andalucía, lo que permitió controlarla mejor que en otros territorios españoles porque en todos se estableció el confinamiento en la misma fecha. A pesar de que la propaganda del Gobierno andaluz vendió esto como un efecto de su anticipación, lo cierto es que la buena o mala gestión (más de lo primero que de lo segundo) fue un factor secundario. La segunda ola del coronavirus ha llegado como una bomba racimo, no del centro al sur, sino espolvoreada, y los datos andaluces ya no son tan buenos. Nuestra incidencia acumulada está por encima de la media española y la proporción de muertos andaluces es, exactamente, proporcional al peso de su población. Esto no ha ocurrido hasta ahora.

¿Ha habido mala gestión en este segundo momento por parte del Gobierno andaluz?

Al inicio de la crisis escuché las razones del supuesto éxito sudafricano, que se convirtió en desastre al cabo de los meses; como le ocurrió a Israel y a Chequia, y es que los elementos de transmisión del coronavirus se nos siguen escapando. No sólo contribuye a esto que los aerosoles sean también un soporte para la difusión, hay factores como los supercontagiadores que descomponen los razonamientos lógicos simples. A Asturias le ha ido bien hasta hace unas semanas, con lo que hay que poner en duda todo eso que se contó sobre su excelente sistema de salud pública. Podíamos contar lo mismo de Murcia.

A Andalucía no le fue mejor la primera vez porque sus ciudadanos fuésemos ejemplares con respecto a los demás, ahora quizás estemos pagando el peso y comportamiento de la población universitaria sobre Granada y Sevilla, además de la escasa inmunización de la población. Las alegrías del puente del Pilar han sido un pequeño desastre a la postre.

Lo único que esta crisis sanitaria ha enseñado ya es que no cumple con el principio aristotélico de la virtud del término medio. En China no hay coronavirus y su economía crece camino de los dos dígitos porque actúa contra el contagio sin ninguna consideración más. Cuando hay que bajar una infección con riesgo de muerte, el antibiótico no se administra de modo homeopático, se inyecta un cañonazo y, a partir de ahí, se reducen las dosis.

Ahora se cumplen siete días desde que se confinase en sus localidades a la mitad de la población andaluza; si los resultados no mejoran este domingo, actúen con toda la severidad.

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