Rosa de los vientos
Pilar Bensusan
Notables diferencias
Cuando ocurre un accidente, lo urgente y lo importante es atender a las víctimas y rezar por los fallecidos y sus familiares. Hasta que no se conozcan las causas, no hay que apresurarse a señalar culpables. Parte esencial del respeto a los muertos consiste en no instrumentalizarlos, como tantas veces se ha hecho para vergüenza eterna de los aprovechados.
Pero después se puede ir y se debe ir a lo de antes. En esta misma columna llevo varios años denunciando –hasta la afonía y la redundancia– el pésimo estado de la alta velocidad en Andalucía. Trenes cada vez más viejos, con más bamboleos y vibraciones, con los baños estropeados y malolientes, con retrasos continuos. Y hubo denuncias más cualificadas de los sindicatos y de ingenieros.
Yo me asombraba de que los políticos estuviesen en el pim-pam-pum dialéctico y no seriamente comprometidos en arreglar este problema, que afecta de forma muy directa a la productividad de Andalucía y al bienestar y la seguridad de los ciudadanos. Ciudadanos que, por otra parte, hemos demostrado un excesivo civismo. El hecho de que el propio Gobierno se eximiese de las indemnizaciones por los retrasos, asumiendo que los habría, me pareció un gesto de chulería que hubiese merecido una contestación más contundente.
Es verdad que la contestación implícita se produce poco a poco con la creciente desafección al sistema, incapaz de bajar el paro, de garantizar la sanidad, de asegurar las pensiones y de hacer que los trenes lleguen a su hora. Esos que tanto se preocupan por los tics antidemocráticos deberían entender que no cabe mejor defensa que una gestión eficaz, silenciosa y responsable. Sin embargo, si este accidente se produce casi simultáneamente al ingreso en prisión por corrupción de un ex ministro de Transportes y de un consejero de Renfe, ya vemos hasta qué punto ellos han estado a otras cosas.
Todo esto lo dije algunas veces indignado, otras reflexivo, también contando anécdotas personales de retrasos incomprensibles. Hoy toca recordarlo todo, pero con el corazón en un puño. Unos servicios públicos degradados terminan generando accidentes, que ya hubo, y accidentes fatales, como ahora. Junto con las dimisiones que proceden, espero que una mejora seria y profunda de nuestros trenes (y de la ética política) llegue puntual por fin.
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