Ahora, las viviendas

14 de enero 2026 - 03:07

Dejó escrito, el filósofo español, José Ortega y Gasset, en sus Lecciones de Metafísica, que “nuestra vida es, sobre todo, toparse con el futuro”. Y muy seguramente no pudo haberlo dicho mejor, pues pareciera que, de algún modo, hubiese podido saber de encontronazos del presente con el futuro, como los que, en nuestros días vivimos, o peor, viven los jóvenes españoles que, pese a haberse esforzado en realizar sus estudios y haber accedido un trabajo, en el mundo de la empresa o de la administración, les resulta del todo imposible poder emanciparse de sus familias, permaneciendo, incluso más allá –mucho más allá, en algunos casos– de los treinta años, viviendo en el domicilio de sus padres o pudiendo alquilar, todo lo más, una habitación, en un piso compartiendo baño, salón y cocina.

Recién pasado ya el primer cuarto del siglo XXI, los (des)gobernantes de los últimos, ultimísimos años, aún presumiendo de ser –sin serlo, claro está– absolutamente progresistas, han logrado claramente una sociedad que no es capaz de ofrecer a los nuevos españoles, un presente laboral que les procure sueldos dignos y suficientes, como los tuvieron sus padres y abuelos, para poder desarrollar sus vidas con una aceptable dignidad y sumiéndolos, por el contrario, en la permanente insuficiencia, lo que les produce a muchos un estado de ansiedad, desesperanza y descrédito.

Se ha sabido en estos días, porque muchos medios de comunicación no dejan de subrayarlo, que en este sufrido país que soporta este largo y cáustico desgobierno, existe un déficit de más de trescientas mil viviendas. Esta cifra la ofrecen según estudios del Banco de España, cuyos directivos no son precisamente sospechosos de desafección al propio (des)Gobierno del embustero Pedro Sánchez, el que, desde que llegó a habitar el palacio de La Moncloa, viene prometiendo la construcción de viviendas en distintas cifras, que van desde las cincuenta mil a las ciento ochenta mil. Ayer mismo nos lo presentaban en los informativos, junto a distintos ministros de su (des)Gobierno, revestidos con chaleco reflectante y prometiendo una promoción de viviendas en el madrileño barrio de Campamento. Lo cierto y verdad es que esta patraña, meses antes de marcharse por razón de ley, no va a ser sino un enredo más y trola por capítulos crecientes de este cuentista falsario que, si sintiese alguna vergüenza y pundonor, hace tiempo que ya se hubiese ido a freír espárragos. ¿O no?

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