La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

De alcaldes y jueces

¿Se está desinflando el caso Nazarí? No nos precipitemos. Lo gordo de la macrocausa llega ahora...

Paco Cuenca y Torres Hurtado, en una imagen de archivo de 2018. Paco Cuenca y Torres Hurtado, en una imagen de archivo de 2018.

Paco Cuenca y Torres Hurtado, en una imagen de archivo de 2018. / archivo

Si escribir de tribunales en una ciudad como Granada es un salto al vacío, opinar tal vez sea una temeridad. La teoría es que son independientes, justos y ecuánimes. Que no se dejan influenciar por ningún otro poder y que son ajenos a esa colmena de intereses cruzados en que vivimos el resto de los mortales. A los periodistas nos recomiendan que nos ajustemos a los hechos, que no nos salgamos del negro sobre blanco del documento oficial y que, cuanto menos analicemos, mejor. No sólo los presuponemos por encima del bien y del mal; también inmunes a la equivocación.

Me gustaría que fuera así. Que nadie nos contara quién es familia, íntimo amigo o se acuesta con quién. Que sea una intoxicación malintencionada señalar a los jueces que son de izquierdas y de derechas. Que hubiera una explicación objetiva para entender, por ejemplo, por qué a los andaluces nos ha costado una millonada el caso Nevada; por qué resulta tan difícil valorar el papel neutral de los fiscales o por qué la renovación del CGPJ se ha enquistado en un fuego cruzado entre las más altas instituciones del Estado.

Y, pese a todo, los voy a defender. No son infalibles, es evidente, pero admitamos que son los que nos salvan del precipicio. Los que fijan unas reglas del juego objetivas y objetivables que poder asumir y compartir. ¿Se imaginan un país como el nuestro sin el muro de contención de los tribunales?

Es verdad que llegan tarde, demasiado tarde casi por norma, pero llegan. Y también es cierto que estamos en un país en el que nos gusta pecar a lo grande. Por defecto y por exceso. Presumimos de transparencia pero lo que seguimos practicando es una absoluta opacidad. No soy capaz de calcular (y por supuesto nadie lo revela) cuánto nos cuesta que hayamos decidido que la única manera de ponernos de acuerdo, de resolver un conflicto, sea recurriendo a los tribunales. Creíamos que habíamos tocado techo en Barcelona (con un puñado de altos cargos en prisión, un presidente a la fuga y otros dos inhabilitados) cuando el Madrid de Ayuso ha estrenado la única vertiente que le faltaba a la crisis del Covid, la judicial. ¿Tendremos la vacuna antes que una respuesta al lío de competencias planteado?

El refugio de los tribunales es tan contagioso como el coronavirus. Y en todos los niveles. Esta semana ha sido clave para dos exalcaldes de nuestra ciudad: Torres Hurtado (PP) y Paco Cuenca (PSOE). El primero, en la diana del caso Nazarí que lo apartó de la política hace ya un lustro y que ha terminado por jubilarle de la vida pública; el segundo, con la oscura sombra de su gestión como delegado de Innovación de la Junta persiguiéndole. Les une su condición de "ex" en la Plaza del Carmen y el haber caído (¿haber sido lanzados?) en las redes de los tribunales. Víctimas o artífices -aún está por ver- de la creciente confusión que practicamos en este país entre la exigencia de responsabilidades públicas, el esclarecimiento de posibles irregularidades en la gestión (y, ojo, que una falta administrativa nada tiene que ver con un delito penal) y el abuso efectista de los tribunales para hacer campaña y hasta para saldar cuentas personales.

¿Se han desinflado los casos? En el proceso de Cuenca todo apunta a un archivo definitivo similar a lo decretado para el resto de cargos acusados de prevaricación; el fiscal ya no acusa y el juez también podría dejarlo fuera. El caso Nazarí, sin embargo, no ha hecho nada más que empezar. El juicio del Serrallo ha creado un precedente importante con la exculpación de Torres Hurtado y no deberíamos pasar por alto que los magistrados de la Audiencia Provincial que tienen que decidir si al final existió la supuesta trama criminal son prácticamente los mismos. Pero lo que esta semana se ha tumbado es una de las piezas más débiles de la macrocausa. El expediente del Pabellón Mulhacén (en ese mismo nivel está el de San Jerónimo) se sitúa en el centro de un caso que, justamente, se reactiva este lunes con la toma de declaración a nuevos investigados. Lo gordo viene ahora. No nos precipitemos. Todavía no es el momento de mirar atrás y preguntarnos si, otra vez, erramos el camino tocando a la puerta de los jueces.

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