Érase una vez
Agustín Martínez
¿Cantidad o calidad?
Salvo para pequeñas escapadas escolares, no había cogido un autobús para viajar hasta el día en que el viento llevó al avión en el que se encontraba a un lugar no previsto y la compañía área decidió trasladar a los viajeros por carretera hasta el destino final. Y el inconveniente le permitió vivir una experiencia hasta entonces desconocida para él. Sí, había recorrido millares de kilómetros por carretera, pero muy pocos sin ser el conductor. Hacerlo rodeado de desconocidos, con sus maletas compartiendo espacio con otras muchas fue algo inesperado y novedoso. En una época donde la inmediatez parece ser el valor supremo, aquel viaje le descubrió el placer del trayecto, el arte de observar y la tranquilidad de dejarse llevar disfrutando del paisaje. Sin la obligación de atender a la carretera, desde su ventanilla los campos, pueblos y ciudades desfilaban ante sus ojos con una serenidad que el avión o el coche nunca le habían ofrecido. No habías prisas, solo la oportunidad de contemplar el entorno, observando la vida cotidiana de lugares que, de otro modo, hubiesen pasado desapercibidos.
Además, al compartir espacio y tiempo con desconocidos cómplices de la peripecia, las conversaciones espontáneas, las risas compartidas ante el inesperado incidente crearon una atmósfera de camaradería difícil de igualar. Convencido de las ventajas de su descubrimiento, añadió a sus razones en favor del autobús que hay rutas que cubren tanto grandes ciudades como pequeños pueblos, permitiendo planificar viajes a medida y descubrir rincones menos turísticos. Las compañías ofrecen diferentes horarios y frecuencias, adaptándose a las necesidades de los viajeros y haciendo que el acceso a múltiples destinos sea más sencillo y asequible. En bus se llega a más mundo, porque las carreteras unen más lugares que los aeropuertos, los barcos y los trenes; y es más económico que otros medios de transporte, lo que lo convierte en la opción ideal para quienes desean explorar sin que el presupuesto sea una barrera insalvable.
Ahora anda recorriendo Europa en bus dejando que el camino le sorprenda, haciendo amigos y libre de cualquier otra responsabilidad, sin estar fijado a ningún rail desgastado, ni a merced del viento siempre tan cambiante. Y no hay día en que no descubre algo nuevo que ensancha su vida, porque ningún aeropuerto es tan grande como el horizonte.
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