¿Cantidad o calidad?

20 de febrero 2026 - 03:08

Granada, con apenas 250.000 habitantes, recibe cada año casi cinco millones de visitantes. La cifra impresiona: es superior a la que registran algunos países en su conjunto y se aproxima al volumen total que atrae una nación como Argentina y se sitúa cerca de la mitad del turismo que recibe una potencia continental como Brasil. Que una ciudad mediana soporte semejante presión invita a preguntarse si estamos ante una bendición o ante un modelo que nos puede hacer morir de ‘éxito’.

En teoría, semejante flujo debería traducirse en prosperidad generalizada. Sin embargo, Granada no extrae de esos cinco millones de visitantes el rendimiento que cabría esperar. Buena parte del gasto turístico se concentra en alojamiento y restauración de bajo valor añadido, con márgenes ajustados y empleo estacional. La economía local se orienta hacia el visitante de paso, no hacia la diversificación productiva ni la innovación. El resultado es una ciudad cada vez más dependiente de un monocultivo frágil, expuesto a crisis sanitarias, geopolíticas o económicas.

El impacto sobre la vida cotidiana es igualmente visible. El encarecimiento del alquiler en barrios históricos, la proliferación de viviendas turísticas y la sustitución del comercio de proximidad por tiendas de souvenirs erosionan el tejido vecinal. Espacios emblemáticos como la Alhambra o el Albayzín se convierten en escenarios congestionados donde el residente se siente figurante. El paisaje urbano se homogeneiza: terrazas, franquicias y cartelería pensada para la foto rápida, sustituyen la diversidad que daba un carácter muy singular a nuestra ciudad.

Existe, además, un coste ambiental: más tráfico, más residuos, mayor presión sobre recursos hídricos en una provincia tradicionalmente castigada por la sequía. Y un coste simbólico: cuando todo se adapta al visitante, la ciudad corre el riesgo de perder autenticidad, convirtiéndose en un parque temático de sí misma.

Granada necesita abrir un debate honesto. ¿Es sostenible crecer indefinidamente en número de turistas? Tal vez la respuesta no esté en atraer más, sino en atraer mejor: visitantes que pernocten más tiempo, que consuman cultura, que se integren en la vida local sin desplazarla. Más calidad y menos cantidad. Porque el éxito turístico no debería medirse solo en millones de llegadas, sino en bienestar compartido.

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