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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Los 'cayetanos' tienen razón

Los intereses de Podemos en el País Vasco, a punto de ir a las urnas, pasan por blanquear a Bildu, hez de la política española

Antes de escribir este artículo hemos contado hasta diez y ensayado la postura del Loto con resultados desastrosos. El problema del pacto entre los partidos del Gobierno y Bildu no es sólo que sea una aberración. La política es un bestiario repleto de monstruos de tres cabezas. Lo verdaderamente irritante es que era y es completamente innecesario. El Gobierno ya tenía lo que quería, su quinta prórroga del estado de alarma, y no necesitaba la abstención de los herederos intelectuales y sentimentales de ETA. Gobernar, todo el mundo lo sabe, es una cuestión de acentos. Y el Ejecutivo ha querido poner el acento en sus buenas relaciones con Bildu, un partido cuyo principal objetivo es la destrucción del Estado español. Lo único positivo es que ahora lo hacen desde los escaños de la Carrera de San Jerónimo y no a golpe de Goma-2, lo cual no deja de ser un paso evolutivo importante que adelanta a estos gudaris en su proceso de hominización.

Vale que la derogación de la Reforma Laboral es un compromiso del Gobierno. A nadie le recriminaremos que cumpla su palabra, por muy venenosa que esta sea. Pero dicho compromiso se tendría que haber cumplido mediante el diálogo social y político, hablando con empresarios, sindicatos y todas las fuerzas parlamentarias, no con la hez política de la nación española. ¿A qué vienen esas prisas y esos compañeros de viaje? ¿Es que el PSOE de Sánchez ha perdido toda memoria histórica, toda dignidad política? ¿Cómo se puede condenar a Vox al ostracismo y al mismo tiempo aupar de esa manera a Bildu? La respuesta está, una vez más, en Pablo Iglesias, un político que nunca ha ocultado su simpatía por el mundo batasuno y que se ha vuelto a imponer a un Sánchez que es pura cáscara sin pulpa ideológica alguna. Los intereses estratégicos en el País Vasco de la formación morada, cuyas elecciones autonómicas están a la vuelta de la esquina, pasan por el blanqueamiento de Bildu. Nos permitimos darle un consejo al partido del puño y la rosa: mejor quedar de canalla que de tonto. Aunque en este asunto el PSOE apunta maneras en las dos direcciones.

El pacto con Bildu y la posterior pelea entre socialistas y Podemos sobre su verdadero alcance no sólo nos revela un Gobierno dividido, algo que ya sabíamos, sino también unas guerras intestinas en el PSOE. Lucha en el barro entre Lastra y Calviño. Al final, los cayetanos van a tener razón: Sánchez debería dedicarse a la inspección de nubes.

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