manías

Erika Martínez

A la huelga

YO mañana voy a la huelga. Porque es uno de los pocos mecanismos de acción política que nos ha dejado a la población civil un sistema que ignora la voluntad de la ciudadanía. Salir a la calle será mi manera de exigir que las decisiones de este país dejen de tomarse a nuestras espaldas y contra nuestros intereses, fingiendo un paternalismo que justifica saltarse las normas básicas de la democracia: obviar programas políticos, firmar pactos fiscales, tomar medidas que condicionarán nuestro futuro y el de nuestros hijos sin dignarse a realizar una consulta ciudadana.

Yo mañana voy a la huelga. Porque no me resigno y estoy convencida de que las políticas de austeridad impuestas por la Troika y aplicadas de forma cómplice por nuestros gobiernos no son la única vía de afrontar la crisis económica. Todo lo contrario: creo que dichas medidas están produciendo un deterioro socioeconómico de las clases medias y bajas que conviene al poder financiero. Los recortes, que están haciendo fluir cantidades inverosímiles de dinero público hacia el sector privado, no están orientados a mejorar la economía sino a fortalecer un modelo lucrativo para las élites. Nuestra creciente vulnerabilidad se ha convertido en un negocio y en una fuente de poder. El deterioro de los sistemas sanitario, laboral y educativo no es, como repiten hasta la saciedad, una consecuencia secundaria de las reformas: es uno de sus principales objetivos.

Yo mañana voy a la huelga. Y es esta mi forma de proclamar que no acepto las mentiras con las que pretenden conformarnos. Quieren convencernos, apoyándose en una encubierta lógica religiosa, de que es hora de pagar todo el bienestar que disfrutamos. Pero la crisis no la ocasionó la deuda pública, ni la sanidad, ni la educación, aunque sean ellas las que están pagando sus consecuencias. La quiebra la ocasionó una especulación de la que la inmensa mayoría de los ciudadanos no era partícipe. Trabajar por un sueldo muy inferior a la media europea y comprar una casa sobrevalorada, firmando una hipoteca cuyas cláusulas abusivas establece un banco amparado por una ley anacrónica, no fue vivir por encima de nuestras posibilidades. Aceptamos las condiciones que nos impusieron quienes tenían la sartén por el mango: fueron ellos quienes se enriquecieron con incalculables plusvalías y arriesgaron sus beneficios para seguir enriqueciéndose hasta que estalló la burbuja. Nosotros no ganamos nada, tan solo pagamos. Como muchos ciudadanos, me niego a seguir pagando los excesos de otros. Por eso, yo mañana voy a la huelga.

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