De mal en peor

22 de enero 2026 - 03:06

Transcurrido un plazo aceptable para poner el acento en las víctimas del accidente de Adamuz y dejar de lado el debate político, lo obligado ahora es que el Gobierno dé la cara y explique qué ha ocurrido exactamente, porque las primeras noticias relacionadas con las causas del accidente son alarmantes. La última, el mensaje del maquinista del Iryo al centro de mando de Adif para explicar que había tenido un “enganche”, algún vagón invadía la vía contigua y pedía que detuvieran inmediatamente el tráfico. Informó de heridos en su tren y que se avisara a emergencias. Le respondieron que daban aviso de inmediato.

Todos los servicios de urgencia, particulares y profesionales, dieron todo lo que estuvo en su mano para paliar los efectos devastadores de la tragedia. Empezaron a difundirse las noticias, todas ellas desoladoras. Sobre el número creciente de víctimas y las dificultades técnicas para intervenir en los dos vagones de Alvia que habían caído por un talud, pero también noticias sobre incidencias continuadas en las líneas que se prolongaban desde tiempo atrás sin que se hubieran tomado las medidas necesarias.

El martes surgían problemas en Cataluña, que determinaron la reducción de velocidad en ciertos tramos de Rodalías –las cercanías catalanas– velocidad que luego se volvió a cambiar. Esa noche falleció el maquinista de un tren de Rodalías por choque contra un muro. Se ha suspendido el servicio de Rodalías hasta nuevo aviso, sigue cortado el tráfico entre Madrid y Andalucía, y no hay hora sin nuevas informaciones inquietantes que llevan a la conclusión de que el Gobierno, o algunos responsables que forman parte del Gobierno, han actuado con absoluta desidia ante los llamamientos de los profesionales que alertaban sobre la gravedad de la situación.

Pedro Sánchez lleva más de ocho años al frente del Gobierno. Es de dominio público que se trata del Gobierno con mayor corrupción conocida, con un número destacado de ministros que no dan la talla ni de lejos; un presidente capaz de todo con tal de mantenerse en Mocloa, incluido el engaño, la mentira sistemática, alianzas políticas indeseables, sectarismo, falta de respeto a las libertades, ineficacia generalizada y caótica política exterior. Ahora se demuestra que, además de todo eso, preside un equipo de personas sin criterio, que solo piensan en ponerse medallas e insultar a quienes le dan un toque de atención, aunque esos toques sean fundamentales para corregir errores o tomar medidas indispensables para solucionar problemas o, como está ocurriendo, salvar vidas.

Óscar Puente no se salva cesando a algunos de los altos cargos nombrados por él. Es él quien debe ser cesado, y exigirle responsabilidades. Políticas y penales. No solo formó su equipo priorizando la amistad y la militancia antes que la profesionalidad, sino que no atendió las advertencias de quienes sí saben. Es difícil confiar en Sánchez y en los sanchistas.

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