Quousque tandem
Luis Chacón
Notas a pie de página
Si se recorre el carmen de la Fundación Rodríguez-Acosta, junto a la Alhambra de Granada, a los encantos proporcionados por su paisaje, se unen los objetos añadidos por el gusto de los coleccionistas que supieron potenciar aún más las virtudes del entorno. No extraña que este aglomerado de emociones visuales haya seducido a tantos artistas. Pero en ese recorrido es raro que la voz de algún paseante díscolo no susurre un dato desconcertante en sitio reservado de manera tan exclusiva a la belleza. Y esa voz explica que los mismos dueños que engalanaron de forma tan sublime este espacio, originaron el hundimiento, en 1977, de un venturoso banco de negocios del que eran fundadores y propietarios. Estos malos golpes de la fortuna ocurren en todas partes, pero desconcierta este radical desajuste entre una sensibilidad estética tan exquisita y tales errores en el mundo del dinero. Esa misma voz crítica también se atreve a señalar que otro banco, en el que ondeaba el apelativo de Andalucía, por esos años, se disolvió en otro nacional. Y puestos a comentar calamidades financieras, esa vieja voz recuerda que hubo una época en la que en cualquier rincón de España figuraba la insignia de la Caja de Ahorros de Ronda. Pero también ella y otra buena ristra de cajas andaluzas fueron víctimas del mismo maleficio, y pasaron a manos más diestras, incluida una cordobesa de la que se hizo cargo una recia caja vasca. En este mismo orden de fatalismos financieros, las buenas intenciones depositadas al adquirir el hospital sevillano de los Venerables, con sus excelentes piezas artísticas, no impidieron el declive posterior de la más puntera empresa andaluza. No menos tristeza causa otro reciente caso: una firma, esta vez llena de vitalidad, ha sido vendida, y en parte, comprada por una entidad participada por el gobierno vasco. Son hechos muy conocidos, por eso extraña que apenas se reflexione públicamente sobre el malicioso fatalismo que los vincula. Sobre todo, este último caso, dado que, desde unas instituciones vascas que gozan del privilegio impositivo de unos fueros –de herencia carlista–, se adquiere y traslada otra lograda muestra del tejido empresarial andaluz. Se trata, pues, de una cadena de infortunios, no todos equiparables, pero todos piden cuando menos una explicación, por si acaso se pudiera romper por fin con este maleficio.
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