‘Panem et circenses’

20 de enero 2026 - 03:06

Italia y mi admiración por Roma crecen. La civilización vino con ellos. Se aprende de aquello, especialmente, a entender los manejos de la atención mediática de la plebe (nosotros) según sus intereses. Qué arte tienen. Lo hacían los cónsules de Roma, lo hizo Julio César y lo hacen los que aspiran a controlar no sólo las instituciones sino también lo que ambicionan los ciudadanos.

En lo esencial cambiamos poco. Sea Tiberio Druso Nerón Germánico César el que manda o el auto investido de César Visionario, el tal Pedro Sánchez, este Pinocho con más cambios que principios.

Cada mañana desayunamos con el escándalo del día. La tostada untada del último (presunto) chorizo socialista o, según el día, del (presunto) acosador famoso con el que damos sorbos al café. Se ha abierto la veda de tirar por los suelos cualquier carrera honorable atácandoles por la bragueta.

La política ha ido degradándose desde la emoción inocente de la Transición, al pragmatismo más cerebral de los que comen de gestionar lo público, hasta los asuntos de entrepierna en titulares. Estos últimos son valor seguro. Y lo saben.

Lo que afecta debajo del ombligo arrasa. Y la política, el derecho, las instituciones se diría que han centrado su razón de ser en esa zona del cuerpo. Secundarios son ya los asuntos relativos a la cartera o a los muchos de tribunales por los que desfilan la mujer, el hermano o el ex íntimo amigo del Amado Líder de las izquierdas de las Españas.

Dar carnaza fresca es cosa de los voceros del poder. Si se destapa la corrupción sistémica, se busca en el cajón de la mamandurria gubernativa y se barajan ‘temazos’ informativos como las mamadas de una becaria al padre de la patria democrática o se deja echarle la jauría progre encima al cantante-truhán con toda la porquería escondida.

Da igual si el tema supera los cinco años. Si da para titulares bueno es. Todo sea para que el César Pedro Visionario tome un respiro y coma un poquito, que ya hasta nos preocupa su delgadez de preso de la Moncloa remordido.

Nerón incendió Roma por distraerse. Pompeyo hacía ataques selectivos; Julio César invadía la Galia si las cosas se torcían. En esa estela, ahí tenemos a los medios a la sombra de la Moncloa dando material para el resentimiento, ese socorrido sentir que nos rescata del olvido.

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