Érase una vez
Agustín Martínez
Un presidente a la altura
Hay momentos en los que la política debe hacerse a un lado para dejar paso a la humanidad y la tragedia del accidente de Adamuz ha sido uno de ellos. En ese escenario tan delicado, la figura de Juanma Moreno ha destacado por una forma de actuar que muchos ciudadanos han percibido como serena, prudente y respetuosa. Su reacción no ha sido la de ariete contra el Gobierno, sino acompañar, escuchar y coordinar, evitando cualquier tentación de convertir el dolor en un instrumento político. Esa contención, tan poco habitual en estos tiempos de titulares urgentes, ha sido valorada incluso por quienes no comparten su proyecto político. El contraste con otros episodios recientes dentro de su propio partido es inevitable. La gestión de la DANA en Valencia por parte de un compañero de filas abrió un debate sobre la precipitación y la sensación de que la política partidista se imponía al deber institucional. No se trata de comparar tragedias, sino de observar cómo la ciudadanía distingue entre la sobriedad y la la empatía y la utilización política de la tragedia. El presidente andaluz no lo está teniendo fácil en su moderación, ya que dentro de su propio partido, declaraciones como las de Núñez Feijóo, Díaz Ayuso, Esther Muñoz, Cayetana Álvarez de Toledo o las Nuevas Generaciones del PP, están siendo percibidas como excesivamente politizadas en un momento en el que aún se están identificando víctimas. Frente a ese ruido, la actitud de Moreno destaca precisamente por lo contrario: por la ausencia de estridencias, por la renuncia a convertir la tragedia en un arma arrojadiza y por la voluntad de situar la gestión por encima del relato. En un clima político crispado, la inmediatez y la búsqueda constante de impacto, la postura del presidente andaluz nos recuerda que existe otra forma de ejercer el liderazgo. Una forma que no renuncia a la firmeza, pero que tampoco desprecia la sensibilidad; que no evita la responsabilidad, pero que tampoco se precipita en juicios o acusaciones. Por todo ello, y más allá de afinidades ideológicas, muchos ciudadanos coinciden en que Juanma Moreno ha sabido estar a la altura de la gravedad del momento. No por grandes discursos, sino por su serenidad; no por la confrontación, sino por su cercanía; no por el rédito, sino por su respeto. Y en tiempos como estos, esa actitud le ha valido algo que no se impone ni se compra: el reconocimiento y el respeto de la ciudadanía, tanto la propia como la ajena… ¡Chapeau, presidente!
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