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Ojo de pez

Pablo Bujalance

pbujalance@malagahoy.es

El tres de raúl

¿Tenemos a alguien a quien podamos bautizar en Andalucía como 'cantor de cuatro caminos'? Pues sí. Lo tenemos

Esta semana se cumplieron seis años de la muerte de Enrique Morente y la impresión de orfandad sigue intacta. A menudo se dice de los genios que son únicos e irrepetibles, y se dice alegremente, sin reparar en el sentido real de las palabras; pero cuando ya no están corresponde pagarlo caro: si tan únicos e irrepetibles eran, a ver qué hacemos ahora, con qué nos conformamos, a qué hoguera nos arrimamos para buscar calorcito. Ocurre, sin embargo, que el talento es un barbecho en el que lo inesperado acontece y en el que el tiempo sigue reglas bien distintas. Enrique Morente era un artista del límite que transfiguró el suyo hasta ver lo que nadie veía. Reinventó la tradición a su antojo y supo ser universal sin dejar de ser, sin atenerse a marcas ni modas, sin imposturas ni atajos, saltando a la arena cuando había leones. Morente no era sólo el cante, el flamenco, ni siquiera la música: era un poema encarnado, un espejo en el que cualquiera, ya hubiese nacido en Granada, en Melbourne o en Ulan Bator, podía reconocerse. A cuenta de los seis años de vacío me preguntaba el otro día si tenemos hoy en Andalucía un músico que haga cosmos de lo particular, patrimonio de lo doméstico. Alguien a quien podamos bautizar "cantor de cuatro caminos", según la condecoración que otorgó José Saramago a Carlos Cano. ¿Lo hay?

Pues sí, lo hay. Habita entre nosotros. Se llama Raúl Rodríguez. El hombre que firmó una de las páginas más brillantes del flamenco reciente con su grupo Son de la Frontera y que bajo su nombre ha emprendido una aventura musical centrada hasta ahora en la negritud de la música popular andaluza y que ha decidido revestirse, como en sus primeros años, de electricidad. Subrayo la categoría andaluza de Raúl porque él es de Sevilla y a la vez es de todas partes. Armado con su tres eléctrico, de raíces tanto caribeñas como hendrixianas, toca y canta sin que nada le sea ajeno. Y ahora que la música más promocionada aquí abajo se ha quedado en cierta rumbita babosa, blandita y cándida, ideal para maniquíes incapaces de poner en funcionamiento más de dos neuronas, hay que recordar que no, que disponemos de otra música; que los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos, pero de verdad, sin posturitas, cantando lo que es nuestro, que también es de los soneros de Cuba, de los bluesmen del Mississippi, de los rebétikos del Peloponeso. De quien quiera.

Tras su Razón de Son, Raúl, que es hijo de Martirio, quien ganó hace ya mucho la orden de todos los caminos, prepara La Raíz Eléctrica. Y la brinda como un abrazo. Escúchenlo por verdiales y siéntanse arder.

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