Crónicas Levantistas

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

La razón de ser de Ciudadanos

Ciudadanos nació para que los nacionalistas y los populistas no mandasen en los gobiernos regionales y español

Ciudadanos ha sido el partido que habría que inventar. El pretérito aún es condicional, en Andalucía se juega su ser. Nacido como remedio contra el poder efectivo que los nacionalistas vascos y catalanes han tenido en España desde la Transición, su función, su alma, su objeto doméstico era la bisagra, hacia el PP o hacia el PSOE para evitar, por ejemplo, que Pedro Sánchez tenga que apoyarse, como ahora, en Bildu y en los independentistas que forzaron en 2017 la mayor crisis constitucional por la que ha pasado este país. Por eso se jodió Ciudadanos: Albert Rivera juzgó lo de la bisagra como un desprecio, y permitió aquello contra lo que su partido se había conjurado. Su ser, erradicar el influjo distorsionador de los nacionalistas sobre Moncloa. No se arrimó a Pedro Sánchez porque lo consideró tan diabólico como al líder de Podemos, pero en realidad lo que le ocurrió es que enfermó de hybris. Lo explicaron bien sus más allegados después de aquel verano en el que estuvo desaparecido. Ni se ponía al teléfono.

Ciudadanos ha cometido otros errores, pero son veniales. Por ejemplo: regalar todos los gobiernos de coalición al PP cuando pudo, al menos, quedarse con la Comunidad de Madrid a cambio del pacto del Ayuntamiento de la corte y de los gobiernos regionales de Murcia y de Castilla y León. Por ejemplo: arrimarse demasiado en la foto a Santiago Abascal, porque si algo es Ciudadanos es europeísta y liberal en el sentido ortodoxo de la definición. Pero no son pecados mortales, todos las formaciones incurren en trastadas similares, sólo algunas son taxativas. Por ejemplo, el intercambio de los andalucistas de la alcaldía de Granada por la de Sevilla, que supuso la premonitoria desaparición del partido de Rojas Marcos en la Andalucía oriental.

Ciudadanos también ha pecado de iluso, no ha sabido crear partido, tejer la red, ha estado más preocupado en la Constitución que en las farolas de las plazas. Hay un resquicio. El partido forma parte del Gobierno andaluz, con una carguita de oxígeno en las andaluzas llegaría hasta las elecciones generales, pero Juanma Moreno le ha comido el centro, no sólo es un demérito de los naranjas, sino un mérito del presidente. Eso sí: ambos han dejado que Vox crezca en un campo que ellos han ido abonando con tanta crítica despiadada contra el Gobierno central. Malestar, enfado, cabreo y desesperación son malas emociones para decidir el voto cuando ya se ha probado todo, el desencanto adolescente que era tan propio de la izquierda ha saltado también a la derecha.

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