Manías

erika Martínez

El voto rogado

QUÉ es un ciudadano español? Hay quien creerá que se trata de una extraña criatura cuya jornada laboral se alarga muy por encima de la media europea mientras su salario se desploma por debajo de toda consideración. Una criatura que sacrifica la educación de sus hijos, y hasta el bienestar de sus enfermos y mayores, para que el Estado rescate a entidades financieras que forman parte de conglomerados cuyos periódicos les explican que no puede hacerse otra cosa. Porque pensar que puede hacerse otra cosa no es europeo ni serio ni desarrollado.

Los hábitos de esta criatura han variado durante los últimos años, sobre todo durante su juventud, cuando a menudo es arrojada del nido patrio y obligada a peregrinar en busca de microempleos dotados de microsalarios y microderechos. Entonces, insólitamente, el homo ibericus es despojado de una condición esencial de su democrática ciudadanía, el derecho al voto, pasando a ser denominado llanamente como homo migratorius. Esto sucede así al menos desde 2011, cuando la modificación de la ley electoral (llevada a cabo con el acuerdo del PP y el PSOE) dificultó hasta tal límite el voto en el extranjero que ha caído en un 85 por ciento.

Se diría que no hace falta ser un país europeo, un país serio y desarrollado, para adecuarse a la migración masiva de tus ciudadanos, o para reaccionar ante la creciente internacionalización de empresas y empleados: basta con ser democrático. El homo ibericus parece conducirse, sin embargo, por la contradicción, atemorizado ante la posibilidad de que sus compatriotas más viajados y en contacto con la realidad internacional participen de las decisiones que atañen al futuro político de su país. No vaya a ser que hayan aprendido algo.

Dice nuestra Constitución que ningún español podrá ser privado de su nacionalidad. Dos millones de españoles han visto entorpecido, sin embargo, un derecho cardinal de su ciudadanía, el derecho al voto, perdiendo además en muchos casos la cobertura sanitaria. En el mundo hay más de un millón de marineros expuestos a la legislación oscilante de ese agujero sin patria llamado mar. Ser serios es impedir que nuestros expatriados caigan en un agujero como ese, garantizar que no haya ningún ciudadano que tenga que rogar por votar.

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