Feria de San Isidro 2021 La determinación de Ginés Marín sobresale en el tibio arranque en Vistalegre

  • El jerezano cortó una oreja al igual que Álvaro Lorenzo y López Simón se marchó de vacío

Ginés Marín con el capote durante el primer festejo de la Feria de San Isidro.

Ginés Marín con el capote durante el primer festejo de la Feria de San Isidro. / Zipi (EFE)

La determinación y la voluntad de triunfar por la vía del buen toreo de Ginés Marín sobresalieron en la primera corrida de la feria de San Isidro que se celebra en el Palacio Vistalegre, un festejo de resultado tibio en el que tanto él como Álvaro Lorenzo cortaron sendas orejas de muy distinto peso. Ante un tercio del ya de por sí reducido aforo obligatorio de la plaza cubierta, el festejo inicial de este abono isidril alternativo no acabó de tomar vuelo durante la lidia de los cuatro primeros toros del El Pilar, que tuvieron unas embestidas prometedoras en los primeros tercios pero que o bien se vinieron abajo o comenzaron a desarrollar complicaciones al llegar a la muleta. No se salieron de ese guión tampoco los dos últimos últimos, solo que en este caso tanto Álvaro Lorenzo como Ginés Marín pusieron más empeño para sacar algo en claro ante esas dificultades y que la tarde no se les fuera definitivamente de vacío.

Y con especial mérito lo consiguió Marín, pues el sexto, que fue también el de más trapío y peso del encierro, no le regaló nada, con un comportamiento reservón y brusco que el extremeño, con paciencia, valor y buena técnica, fue a tamizando para llevarse un trofeo más que merecido. Después de torear de capa con variedad las mejores embestidas, prolongó esa determinación con la muleta, aguantando coladas y parones de un toro áspero y de muy escasa entrega pero que acabó sometido a la generosidad del torero, que incluso llegó a recrearse con temple antes de tumbarlo de una soberbia estocada.

La oreja que paseó Marín, con petición de otra segunda, tuvo verdadero peso específico, y más en comparación con la que se concedió muy complacientemente en el turno anterior a Álvaro Lorenzo, que escuchó fuertes protestas cuando la paseó en la vuelta al ruedo tras un trasteo de mayor duración que brillo, sin pasar de voluntarioso con un ejemplar apagado. Con los primeros toros de sus lotes, curiosamente, de muy similar comportamiento los que dejaron como segundos, los triunfadores de la tarde mostraron una actitud también idéntica: empeñoso e insistente Lorenzo y firme y paciente Marín, solo que esta vez no acertaron a la primera con la espada de matar.

La feria la había abierto el madrileño López Simón con el mejor y más claro ejemplar de la corrida, pues el colorado repitió y descolgó sus embestidas por el pitón derecho de principio a fin, sin que el matador, encimista y destemplado, llegara a aprovecharlas en toda su dimensión. Ya con este se llevó López Simón una voltereta, aunque no tan fuerte y aparatosa como la que le propinó el cuarto, que a punto estuvo de herirle tanto a él como a su subalterno Jesús Fernández en el tercio de banderillas. Y es que, violento y a su aire, el de El Pilar le desbordó en más de una ocasión durante un trasteo desordenado y de poco gobierno.

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