Concierto de Krystian Zimerman y la Orquesta Ciudad de Granada | Crítica La grandeza de lo pequeño

  • Krystian Zimerman da un concierto sublime con un público entregado, sabedor de que la música de Beethoven nos estaba hablando

Una vez más, el pianista Krystian Zimerman no se dejó fotografíar durante su recital con la OCG. Una vez más, el pianista Krystian Zimerman no se dejó fotografíar durante su recital con la OCG.

Una vez más, el pianista Krystian Zimerman no se dejó fotografíar durante su recital con la OCG. / G. H.

Me dijo mi amigo Ángel Arias, que los hermanos segundos, como él, estaban siempre relegados a un segundo plano, entre el primogénito y el menor. Yo nunca he sabido qué decirle, pues peco de ser primogénito, y en mi casa adoramos a mi hermano mediano, Alejandro. Pero ayer me acordé mucho de él. Se programó la Sinfonía num. 4 de Beethoven, auténtica mediana entre la Sinfonía num. 3, conocida como la Heroica, y la Quinta, que con solo mencionarla, sobrecoge. Además, se interpretaba el Concierto para piano num. 3, que de los cinco que compuso Beethoven, es el que va en medio.

De ellos, Krystian Zimerman ya había interpretado los tres primeros, y en unos días interpretará la y el famosísimo Emperador, la. Para rizar el rizo y siempre en este sentido del segundo plano de los hermanos medianos, éste ha sido el concierto de los tres que terminará ofreciendo Zimerman en nuestro Festival. Todo apunta en esa dirección, un tránsito. Ya hicimos una reseña sobre el estreno de Zimerman como pianista en el Festival, que fue exquisita. Fue el de este martes, seguramente, y aquí empiezo a deconstruir el argumentario de gran músico y creador Ángel Arias, un concierto absolutamente sublime.

La extensa y densa formación de los intérpretes de la OCG hace que sus maneras a la hora de afrontar cada concierto sean en general tan profesionales como contenidas. Ayer en cambio hubo momentos al final de la 4ª, en el Allegro ma non troppo (que lo fue, y mucho) en el que la interpretación, las formas, el cuerpo, la gestualidad de muchos violinistas, contrabajistas y demás cuerdas, fue arrebatadora, llenando de una energía y un entusiasmo el Palacio de Carlos V, que solo sucede en las grandísimas ocasiones.

La Sinfonía nº 4 de Beethoven, interpretada por la OCG y conducida por el gran pianista Zimerman, fue exuberante, de una energía contagiosa y poderosa impensable a priori y como decimos, el final, sencillamente fue exuberante. Si Zimerman contenía el gesto, pues sabía que después tendría que defender el Concierto para piano num. 3, la OCG se mostró absolutamente concentrada en cada gesto que el maestro proponía, perfecta, brillante, hipnótica. Tempo perfecto, pianos imposibles, ataques, cadencias, finales totalmente milimetrados y coordinados. La música hablaba, acariciaba, se mostraba en esencia y con esa capacidad que tiene solo ella de transportar, y todo ello en un contexto de música amable que tiene la de Beethoven. Que es amable, pero virtuosísima a la vez.

Se puede palpar el trabajo que la OCG y Zimerman están desarrollando, una vez vencidos los preliminares y expuesto cada uno sus argumentos, el concierto de ayer denota una mutua admiración que hace que el genio polaco disfrute de la orquesta, sabedor de que todo lo que propone se logra con creces y de la orquesta granadina, que en la regularidad que está siendo este trabajo para tres conciertos con el maestro, trata de asimilar todo el universo sonoro de Zimerman.

Una vez concluida esta Sinfonía 4ª, que tanto tiene que decir a su y a su, Zimerman se sentó al piano, su primera intervención rebeló el espíritu de pianista del maestro. Transmite una tranquilidad, y dominio desde el piano que acrecienta desde ahí su musicalidad, sus primeros acordes denotaban una entrega absoluta y una sensación de estar en "casa", pues se le ve más cómodo desde el piano, que desde la pura dirección de orquesta.

A partir de ahí, un concierto sublime, es cierto, que entre el primer movimiento y el segundo, el maestro polaco se dirigió al público y nos compartió una queja en inglés algo así como "los técnicos cambian las macillos del piano sin informar al pianista". Esta queja, bajo mi punto de vista, tan solo reafirmaba la profesionalidad de este intérprete, absorto en su propuesta sonora e interpretativa de Beethoven y cómo estaba dispuesto a sobre ponerse a lo que hiciera falta para llevarnos a un abarrotado Carlos V a ese lugar, sacrificando lo que fuera preciso.

Fue el de este martes un concierto sublime con un público entregado, sabedor de que la música de Beethoven nos estaba hablando, y el mensaje, tratándose del alemán siempre es imponente, ya que le habla al alma humana de tolerancia, grandeza, exquisitez, de la generosidad, y de los pequeño.

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