Antonio Carrón de la Torre | Sacerdote y educador de Agustinos Recoletos en la crisis del Covid-19 "Se nos han caído las caretas y nos estamos teniendo que mostrar tal y como somos"

  • El antiguo director del Colegio Santo Tomás de Villanueva de Granada, narra su experiencia desde su residencia en Roma. Cree que la sociedad, padres y docentes tienen una gran oportunidad de "educar para la vida"

Antonio Carrón de la Torre, en una imagen reciente Antonio Carrón de la Torre, en una imagen reciente

Antonio Carrón de la Torre, en una imagen reciente / G. H.

Al granadino de adopción Antonio Carrón de la Torre varias generaciones de agustinos lo llaman cariñosamente Padre Toñín. Este madrileño, nacido en 1980, realizó sus estudios universitarios en Granada, el lugar donde se ordenó sacerdote en 2004 y aprendió la docencia como profesor, tutor y posteriormente director del Colegio Santo Tomás de Villanueva, en el que fundó la carrera Memorial Padre Marcelino para la que había conseguido este año tiempo en su agenda tras faltar el año pasado por primera vez desde su creación, pero que por ahora está aplazada. En 2016 se mudó a la capital de Italia, donde imparte clases en el Centre for Child Protection de la Universidad Gregoriana de Roma mientras saca tiempo para mil actividades y no aburrirse. Es curioso que en la larga conversación, por llamada de WhatsApp, la palabra más repetida sea "tocar", precisamente la acción vedada estos días. Aunque, claro, es inevitable que algo así no toque a cualquiera.

A él le toca como residente italiano que conoce personas hospitalizadas, algunas de las cuales ya han marchado, como hermano de una enfermera en Madrid, como hijo de una madre que le llama para darle la mala noticia de que el vecino ha fallecido, como amigo preocupado aquí y allá, profesor y presidente de una ONG. A ello se le suma la vulnerabilidad que genera el estar confinado, también para alguien con una vasta formación filosófica, espiritual y docente. Lo que no es óbice para que a nivel personal se esté planteando esta experiencia "como un aprendizaje desde muchos puntos de vista".

La entrevista tiene lugar hace unos días en la tercera semana de confinamiento en Italia, cuando las cifras se están disparando en todo el mundo y ya es difícil llevar la cuenta. "Está siendo muy fuerte, ya no por el bombardeo mediático de todos los día sino por todas las experiencias que a todos nos están tocando", relata sobre la cercanía de noticias poco agradables que le llegan de gente conocida en Italia y en España. En este nuevo paradigma con muchos tintes trágicos, encuentra varias caras positivas.

Una de ellas es la facilidad que ofrece la tecnología "para estar pendientes unos de otros" apunta en alusión a que "todo lo que tiene que ver con la comunicación nos está despertando y ha sido uno de los aspectos positivos de este confinamiento el retomar relaciones o conversaciones que podíamos tener pendientes por el ritmo de vida que llevamos". Esa oportunidad de 'sacar del parking' aquellas charlas con "gente con la que llevabas años sin hablar".

El padre Antonio Carrón de la Torre dibuja un talante sosegado y reflexivo durante la charla. De ahí, que su tono sea una línea de naturalidad y ponga cada cuestión en la balanza para señalar lo que a su juicio puede ser positivo o negativo. Por ello, ve justo no engañarse sobre la gravedad de la crisis del coronavirus:"Se quiere ver luz, pero por ahora no se ve. Uno está muy pendiente de las cifras y ya no es que se hable de gente que no conoces, cada vez conoces más. Son tan grandes los números que ya por un punto de vista estadístico termina tocando de cerca algún caso concreto", subraya este sacerdote que sigue atento las noticias con esa perspectiva de esperanza de que en algún momento tiene que bajar aunque, enfatiza, "parece que el pico de este pájaro es muy largo y no termina de llegar".

Él mientras tanto escribe sobre la generación Quarentinnenials y sobre el significado de la palabra crisis, le intenta buscar sentido a la Cuaresma, hace pinitos en la cocina, se graba vídeos, lee y se plantea muchas cosas. "Para mí esto es como una lección de vida porque particularmente me está tocando mucho la vulnerabilidad. A veces creemos que lo podemos todo, que nosotros somos los reyes del mundo, y estamos viviendo está situación de fragilidad, vulnerabilidad ante un virus que no podemos ni siquiera ver y que está tambaleando el mundo", afirma.

De la misma manera, otra enseñanza es la de la convivencia. "No estamos acostumbrados a vivir tanto tiempo juntos tanta gente. Nosotros sí solemos vivir un grupo nutrido de frailes y estamos acostumbrados, aunque no es lo mismo estar aquí encerrados día tras día. Con la gente que hablas sí te dice que nunca habían tenido ocasión de vivir tanto tiempo con la familia junta entre cuatro paredes y surgen conflictos es la de la convivencia", indica también desde su faceta de profesor, ya que ve en este delicado momento una prueba importante para la docencia. "Está la educación online, algo que habíamos tenido siempre en el tintero y no lo habíamos puesto en práctica hasta ahora. Es una bomba atómica que le ha caído a las familias, a los docentes y a los estudiantes".

Aunque, va más allá, y valora este curso escolar interrumpido una brecha para enseñar lo que, a veces, se aprende en toda una vida. "Es una ocasión para educar no sólo en lo que supone las materias concretas, es una lección de vida", asegura este educador ante una oportunidad de aprendizaje para conocerse de otra forma. "Internet permite que, en la medida de lo posible, continúe el curso y a la vez hay que educar para la vida ante estos grandes retos que nos salen", recalca sobre la importancia de que la sociedad le dé un cierto valor a esta contexto social, que "obviamente es negativo".

"Es una ocasión para educar no sólo en las materias concretas, es una lección de vida"

En relación a otros de los temas estrella de estos días como el aburrimiento asegura que es una palabra que nunca ha entrado en su vocabulario. "Si estoy viendo que me aburro ya me estoy buscando otra cosa, pero creo que es algo importante el saber disfrutar de no hacer nada. Todo es activismo, no podemos estar un momento sin mirar el teléfono móvil a ver quién ha escrito otro mensaje o un nuevo contenido. Saber encontrarnos con nosotros mismos y el aburrimiento como un fin es malo pero como medio puede ser bueno", resume Carrón de la Torre, para el que la cuestión se agudiza en los más pequeños "que a día de hoy no están teniendo esa oportunidad de aburrirse y este mundo está limitando el que puedan soñar o inventar".

Cree que esta crisis va a ser mucho más catártica que la de 2008 en el sentido de que aquella fue económica y está supone un cambio muy grande en las relaciones y en la manera de concebir el mundo. Por ello, considera que solamente la podremos valora "cuando pase un poco más de tiempo". En todo caso, desde el lado espiritual de cada uno sí se remite al concepto de la palabra crisis como "ese momento en el que el médico tiene que tomar una decisión y el médico puede hacer que el paciente se te muera o se te recupere. Ese momento de hundirnos en la oscuridad o salir a la luz", manifiesta al mismo tiempo que reconoce que, según su perspectiva, está aflorando más lo positivo que lo negativo con un cierto despertar de la humanidad y del elemento solidario. 

Es decir, que en estos momentos traumáticos el lado bueno que proviene de las iniciativas y las conversaciones reales entre personas, siempre alejándose del marco institucional. "Lo digo llevando tres semanas. A lo mejor si volvemos a hablar dentro de dos meses y sigue todo igual, la lectura es diferente", espeta. Eso sí, desde el punto de vista de la espiritualidad prefiere llamarlo esperanza y no optimismo. "La enseñanza de San Agustín es ver el miedo desde la esperanza, no le gusta hablar tanto de optimismo porque dice que nos puede llegar a engañar y enmascarar algo negativo con un barniz de cosa buena", manifiesta el religioso.

Preguntado sobre si pueden existir crisis de fe, asegura que claro que sí y comenta el caso de una comunidad religiosa del norte de Italia, donde en una casa exactamente igual a la que él vive han fallecido 25 de los 50 frailes que la habitaban. "El impacto que supone eso puede provocar crisis humanas, espirituales y de fe pero verdaderamente es muy llamativo y significativo lo que están viviendo desde dentro con un sentido de esperanza de fe, de que eso va a servir para algo", argumenta sin obviar que es parte del ser humano tener esas crisis aunque incidiendo en las preguntas.

Otra de las frases de San Agustín que utiliza estos días es la que de el valor de las personas se aprecia en lo cotidiano y no en los grandes momentos. "En estos días a todos se nos han caído un poco las caretas y nos estamos teniendo que mostrar tal y como somos. La gente no se está maquillando para ir a la calle, no va con traje al trabajo. Se nos caen las caretas y nos encontramos con nuestra debilidad y nuestras miserias, nos quitan todo lo accesorio y mostramos lo que somos. No deja de ser una oportunidad, complicada, pero puede ayudar", dice como ultima lección de este camino que el mundo ha emprendido.

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