Publicación de 'Las palabras vividas'

Quique González, el 'atracador' de versos de Luis García Montero

  • La amistad entre el cantante madrileño y el poeta granadino se ha materializado en un disco que verá la luz este viernes 

Luis García Monteor y Quique González, en una imagen de promoción. Luis García Monteor y Quique González, en una imagen de promoción.

Luis García Monteor y Quique González, en una imagen de promoción. / Keruin P. Martínez

Casi veinte años han pasado desde que Quique González (Madrid, 1973) se inspirara en un poema de Luis García Montero (Granada, 1958) para componer Aunque tú no lo sepas. Una admiración que se convirtió en amistad y que ahora se materializa en una colaboración a cuatro manos en Las palabras vividas, un nuevo disco en el que el madrileño pone la música y el granadino las letras.

"Siempre decíamos eso de 'a ver si algún día hacemos algo juntos' y ha fructificado", apunta González, quien encadena elogios de manera incesante hacia el también director del Instituto Cervantes: "Le admiro cada vez más como poeta y como persona. Yo me lo tomo como un regalo. Luis tiene una generosidad máxima en todo lo que hace y en cada gesto que me ha demostrado en todos los años desde que nos conocemos".

Fue García Montero quien, ya antes del anterior álbum del músico -Me mata si me necesitas (2016)-, le mandó una primera letra. Un primer paso que emprendió camino una vez terminó a finales de 2017 la correspondiente gira de presentación, con González desconectado y valorando sus próximos pasos: "Era un momento en el que también yo necesitaba hacer algo distinto y ver si era capaz de hacer algo así".

El resultado es un álbum de diez canciones disponible este 18 de octubre y que supera el "reto" inicial del madrileño, que nunca se había "enfrentado a musicar textos" que no fueran suyos. Y con el objetivo claro de que "no sonaran a poema musicado, sino a canciones" con entidad propia.

"La canción como género", reitera en varias ocasiones el músico, quien explica: "Cuando me dice la gente que al escucharlo suena a canciones mías, para mí significa que hemos hecho un buen trabajo. A veces, cuando hay discos de poemas musicados suena un poco Frankenstein, como que cuesta colocar las dos cosas en su sitio. A mí me gustaría que sonara a canción".

Para esta empresa, García Montero no quiso usar poemas ya escritos, sino que quería "escribir canciones totalmente nuevas". "Luis piensa en la música al escribir", afirma el músico, quien asegura que su labor a partir de esa premisa fue encontrar la "música adecuada, encontrar un camino que no distrajera de lo que estaba contando Luis".

"Hemos ejercido cada uno de sastre del otro. Luis ha confeccionado un traje literario para mí y yo he intentado confeccionar un traje que le sentara bien a él en lo musical", resume Quique González, quien durante este proceso ha sido padre de una niña que cuenta incluso con una canción escrita para ella, Bienvenida: "Me la escribió en un día, después de que le diera la noticia de que iba a tener una hija. Es uno de los regalos más valiosos que me han hecho en mi vida".

Disco de trago largo

Afirma el músico entonces que Las palabras vividas es un "disco de trago largo" que ir descubriendo poco a poco, algo complicado en un tiempo en el que "la música tiende más a lo festivo que a lo intimista". "Pero igual que hay música para bailar, tiene que haber para meterte en tus pensamientos, inquietudes, preocupaciones y vivencias".

Y aún añade con sorna: "No creo en los grupos que hacen canciones para que les llamen para tocar en los festivales. Para mí, lo que acaba calando son las bandas que hacen canciones buenas sin pensar en eso. Igual estoy equivocado y estoy perdiendo dinero. Pero la verdad es que tampoco sabría cómo hacerlo y quizás por eso también lo critico".

"Si fuera un atracador, me gustaría robarle todos los versos a Luis", bromea Quique, quien pasa a explicar que en el plano sonoro quiso alejarse de los dos discos que grabó en Nashville y de la "influencia del rock norteamericano". "Quería que el paisaje sonoro fuera más cercano y por eso hemos utilizado instrumentos que casi tienen más que ver con el Mediterráneo: Mandolinas italianas, zanfona o guitarra española", detalla.

La guitarra española, protagonista

Por eso, el tono general es acústico y 'de madera', con la guitarra española siendo protagonista por primera vez en la carrera del madrileño. "En todos mis discos, la guitarra española igual solo está en una canción", destaca, señalando acto seguido que otro objetivo era que la música "no distrajera mucho de lo que dice Luis, que hubiera mucho silencio y mucho espacio, que sonara crudo".

Una apuesta por una "naturalidad casi casual" en detrimento de la "pulcritud" que se busca "en los últimos tiempos en las grabaciones" en estudios que son casi "laboratorios". Para esta labor, ha contado en la producción con César Pop, Toni Brunet y Diego Galaz -"un absoluto genio que hace una labor de divulgación musical bestial fuera de las tendencias"- de Fetén Fetén.

"Los instrumentos que domina Diego nos iban a llevar a un lugar distinto de donde están mis últimos discos", remarca Quique, quien indica que la guitarra eléctrica tiene un "protagonismo menor, pero hay un poquito del gran Toni Brunet". "Un poco de guitarra eléctrica manda mucho en el global, pero él es capaz de que con tres detalles brille el instrumento sin llegar a condicionar el todo", subraya. 

La gira de presentación arranca el 7 de noviembre en el Teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares (Madrid) y tiene fechas hasta el 8 de febrero en el Auditorio Maestro Padilla de Almería. Entre medias, una quincena de fechas por teatros y auditorios, incluyendo el Palau de la Música de Barcelona, Teatro Arriaga de Bilbao, Baluarte en Pamplona, Circo Price en Madrid y Victoria Eugenia en San Sebastián.

"Los teatros son los sitios donde más agradecido es tocar, porque la música se convierte en lo más importante", asegura González, también habituado a salas de rock o a todo tipo de festivales. Con conocimiento de causa, por eso, afirma que "en los grandes festivales hay tantas distracciones que deja de ser una experiencia individual e íntima para ser algo más colectivo".

"Ahí hay una noria, un tipo vendiendo perritos, un tarotista, un tragafuegos y 45 barras", lanza con media sonrisa, lamentando que en esos eventos "la música deja de ser lo más importante". "Eso es lo que echo de menos en los festivales grandes que hay en España. Que la banda no tiene ni cinco minutos para probar sonido, pero el tío que vende lo que sea ha tenido tres días para pensar donde colocar su puesto", remata.

Se detiene un instante y, tras aclarar que "por supuesto" que también le "gusta tocar en festivales", remarca que "en el teatro es donde se establece la comunicación verdadera entre quien está arriba del escenario y quien está abajo". Y todavía apostilla: "Lo más importante para mí es seguir manteniendo ese diálogo, ser capaz de emocionar a la gente a través de tus canciones".

Y para mantener ese diálogo, en esta ocasión deja "un poco de lado la electricidad" para presentar este nuevo disco junto a las otras canciones de su repertorio que "tienen más que ver con el folk y lo acústico, lo sentimental y lo poético". "Vamos a tratar de encontrar un sitio común que tenga sentido", remata.

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