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El dolor de la música

  • El maestro Sokhiev y la Orquesta de Toulouse cierran la 61 edición del Festival de Música y Danza con el dolor de Mussorgski y la emocionante cantata de 'Alexandr Nevskiy' de Prokofiev.

Si el plan de Tugan Sokhiev, al frente de la Orchestre Nationale du Capitole de Toulouse, era estremecer el Palacio de Carlos V con una descarga de música dramática y recia, lo consiguió. Con un programa muy ruso, el director osetio y el conjunto francés pusieron el broche final a la 61 edición del Festival Internacional de Música y Danza de Granada.

Una de las columnas sobre las que Sokhiev cimentó su arsenal fue Modest Mussorgski. Primero, con las terribles Canciones y danzas de la muerte, acompañados por la mezzosoprano Larissa Diadkova. Esta obra, orquestada por Dmitriy Shostakovich, es una de las partituras más dramáticas y dolorosas de todos los tiempos. Ayer arrancaron con la Nana, en la que la parca visita a la madre de un bebé disfrazada de niñera y duerme para siempre al niño, y congelaron desde el primer instante los corazones del público del Carlos V. La solemnidad centenaria y pétrea del patio del palacio también ayudaba; casi se podía intuir la sombra de la muerte recorriendo los pasillos.

También de Mussorgski, pero esta vez más orientado hacia occidente con la orquestación de su admirador Maurice Ravel, Sokhiev dirigió los Cuadros de una exposición. Numerosos músicos instrumentaron estas canciones para piano, aunque fueron las ideas del francés las que finalmente prevalecieron. Más esperanzadas, las canciones pasearon al público por una exposición de arte, cuadro a cuadro, con mucha fuerza en el viento metal, empezando por ese leit motiv en la trompeta tan conocido, aunque la muerte volvió a asomar la cabeza en la pieza dedicada a las catacumbas romanas. Un segundo plato variado, multicolor y placentero que el público del festival devoró con placer.

Y llegó el final. Para despedirse de Granada y para dar un cierre por todo lo alto, Sokhiev y la Orquesta de Toulouse cumplieron lo prometido: dieron vida a la cantata de Alexandr Nevskiy, una adaptación a concierto que el propio Prokofiev hizo tras componer la banda sonora de la película del mismo nombre de Serguei Eisenstein, y uno de los grandes atractivos de esta edición del festival. Se trata de una obra que trasciende a la película, que no necesita de imágenes para emocionar -tal como ocurrió con el Requiem de Ligeti, en la tercera jornada del certamen-, sobre todo si se cuenta con la inestimable ayuda del Cor de la Generalitat Valenciana, que ayer recibió la Medalla de Honor del Festival y que aportó la fuerza de una legión para narrar estas guerras legendarias entre grandes naciones. Volvieron el dramatismo y la compunción, con instantes tan impactantes como La guerra sobre el hielo.

Al cierre de esta edición el director y el conjunto aún no habían regalado ninguna obra fuera de programa, como hicieron en su concierto del pasado viernes, pero era lo esperado. Con este repertorio Sokhiev mostró un elemento de colaboración artística (Shostakovich orquestando a Mussorgski, también orquestado por Ravel, y Prokofiev cooperando con un genio del celuloide) entre distintas épocas y escuelas, paseando por esos puentes del tiempo que lo ponen todo en su sitio.

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