El duende del Realejo

Burla u homenaje

Lo del Centro Lorca es un auténtico rosario de presuntas irregularidades que, al parecer, tampoco interesan a la Fiscalía

No parece muy lógico que un centro cultural; tan recientemente construido en Granada que aún ni siquiera ha llegado a inaugurarse oficialmente y que ha costado, al parecer, muchos más de mil millones de las antiguas pesetas; vaya dándonos en el tiempo sucesivas sorpresas sobre su desmadejada utilización, careciendo absolutamente de programación, norte o dirección alguna, sin que se sepa a ciencia cierta de quien depende, cual es la institución responsable de su organización, de qué presupuestos depende; si es que se ha aprobado alguno para este fin y cometido; y quien o quienes son los que en él organizan actividades, porque desarrollarse se desarrollan, eso está claro pues, en el edificio hay trajín diario, se explota una tienda de objetos de referencia o contenido cultural, se cobra taquillaje para acceder a los espectáculos teatrales o musicales o ambas cosas a la vez y además dispone de energía eléctrica que permite la iluminación y sistemas de megafonía, alguien pagará las facturas, se ha de suponer. Y ¿quién lo limpia? ¿Quién saca brillo a sus suelos marmóreos? ¿Quién mantiene higiénicos sus servicios y escusados? ¿Quién acomoda al público en sus asientos? ¿Quién de regir la escena, de elegir las obras a representar o las muestras a exponer?

En algunas de sus salas ya se han celebrado diversas exposiciones pero la gran cámara acorazada, que debiera de albergar, desde hace tiempo ya; según se ha dicho de mil y una formas distintas y otras tantas y cuantas veces; la documentación que nadie ha visto en Granada todavía, sigue vacía, absolutamente y definitivamente vacía hasta el día de la fecha.

Parece todo esto, más que una broma, una verdadera tomadura de pelo, sobre todo porque la filosofía que alimentó, desde antes de su génesis, la existencia de este centro cultural, lo era en torno a la figura, obra y memoria de un autor de universales dimensiones a quien, con este modo de proceder, no se está honrando en absoluto, muy al contrario, parece que hay alguien que, interesadamente, se burla de las circunstancias que él o ellos mismos han propiciado, transfigurándolo en moneda de cambio, en vil metal con el que se hacen las monedas o, mejor, el sucio papel en que se convierten, por el uso, los billetes de banco: el dinero.

El último plazo que establecieren los que así podían hacerlo, se fijó para el día cinco de junio próximo, fecha en la que debemos suponer que la documentación relacionada con nuestro autor universal, estará ya en esa célebre y carísima -y hasta ahora huera- cámara acorazada de máxima seguridad. También se dijo que se darían explicaciones de los millones de euros desaparecidos -y nunca justificados- en el camino de la ejecución de las obras. Millones, por cierto, de dinero público; alguno perteneciente a otros estados soberanos que no son España, ni de la Unión Europea; que entregaron las administraciones públicas; ¿bajo qué título?; a un particular, para su administración.

Lo del Centro Lorca, sí, ese que se levantó en la plaza de La Romanilla, en memoria del gran Federico, es hasta ahora un auténtico rosario de presuntas irregularidades que, al parecer, tampoco interesan lo más mínimo a la Fiscalía. ¿Homenaje al autor del Romancero Gitano o descarada burla a la ciudadanía. ¡Ni en tiempos de Franco, vamos!

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