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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Expectativas

Los andaluces quieren que el cambio se traduzca en empleo y en mejora de los servicios básicos

El cambio llegó a Andalucía hace seis meses contra pronóstico y debido fundamentalmente a la irrupción de un actor no esperado por nadie: Vox, que sumó lo que faltaba para echar a los socialistas. La salida del PSOE y la llegada por primera vez de otras caras al Palacio de San Telmo suscitaron un entusiasmo que tampoco estaba previsto. La idea de un cambio en profundidad de las políticas que se habían aplicado durante décadas caló en sectores amplios de la población andaluza que hasta entonces habían mostrado un extraordinario conformismo. No me refiero sólo a las élites empresariales o a los sectores más movilizados ideológicamente. También a mucha gente que acusaba un claro cansancio por el mantenimiento de los socialistas elección tras elección y por el hecho de que, aunque se habían producido avances que nadie podía discutir, los grandes desfases de Andalucía con respecto al resto de España y a Europa seguían siendo los mismos que treinta años antes .

Ahí está uno de los principales riesgos a corto plazo del Gobierno de Partido Popular y Ciudadanos. Las expectativas que se despertaron eran muy altas y difíciles de satisfacer. Se vio el martes en la comparecencia conjunta de Juanma Moreno y Juan Marín para hacer balance del primer semestre del cambio. Y el balance, como no podía ser de otra forma, se centró más en lo que queda por hacer que en lo hecho. Porque lo hecho, ciertamente, no va muy lejos. Primero, porque seis meses es poco tiempo para cambiar el ritmo de una administración mastodóntica y omnipresente como es la Junta de Andalucía. Y segundo, porque la acumulación de procesos electorales y la inestabilidad de la política nacional no ha contribuido, precisamente, a que se pudieran hacerse las cosas con normalidad.

Si las expectativas que se han creado en Andalucía con el cambio de gestores en la Junta no se ven satisfechas, las consecuencias para el Gobierno pueden ser complicadas. No hay un tiempo ilimitado. Ejemplos hay a montones: podría recordarse el batacazo que se dio Juan Ignacio Zoido en el Ayuntamiento de Sevilla cuatro años después de haber logrado la Alcaldía con la mayoría más absoluta que se ha dado nunca en la capital andaluza.

Los andaluces quieren ver cambios y todavía no los han visto. Esos cambios deben traducirse principalmente en empleo, en un mejor funcionamiento de los servicios básicos, como sanidad educación o dependencia. Los próximos meses va a ser decisivos para que esas expectativas se vean satisfechas o defraudadas.

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