Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Nuevos tiempos

Ser escuchado se ha vuelto casi una cuestión de holgura de bolsillo a falta de seres queridos que se preocupen

Que la cosa pública a nivel local, nacional y mundial está removida, agitada y convulsa no hace falta ser un sesudo analista para verificarlo. Basta con mirarse cada uno para sus adentros y constatar que, sea uno del sector que sea en sus afanes y ocupaciones, las dificultades, la inquietud por el presente y el futuro o la incertidumbre por cómo serán las cosas de aquí a unos meses tan solo nos tiene a todos y a cada uno ensimismados y preocupados, alerta.

Son tiempos de cambios, de hoy para mañana. Cambios propios o ajenos, ojo, que no estamos solos en este sarao caótico en el que andamos todos un poco/bastante a tientas y perdidos. Porque te ves afectado también por decisiones ajenas que se toman sin reflexión alguna y que te fastidian pero que tienes que tragar y mirar hacia otro lado. No todos tienen el temple necesario para diferir las decisiones a tiempos más calmados. Ni el aguante para manejarse en esta convulsión generalizada. O las tragaderas para comprender los impagos, los incumplimientos, los sablazos de los organismos públicos que nada tienen de comprensivos y si mucho de ser recaudatoria insaciable.

Pero, en medio de toda esta agitación, algunos pocos sin embargo encuentran la calma. Son los menos, pero son. Son los que te dan una palabra acertada en el momento preciso, los que tienen tiempo para escucharte aunque estén igual de atareados/sobrepasados que tú. Pero te escuchan y procuran entenderte, aunque te victimices incluso. Y además ni cobran por ello, que lo de ser escuchado se ha vuelto casi una cuestión de holgura de bolsillo a falta de seres queridos que se preocupen por lo tuyo.

Está saliendo lo peor de cada uno ahora que la necesidad aprieta. Ya se anuncian desahucios incluso. Los bancos, en su moral del santo euro bendito, ejecutan créditos sin piedad alguna con el único freno de las leyes que les pararon tan solo unos meses ya pasados.

Es ahora cuando se debe dejar aflorar ese misterioso instinto de supervivencia que, sin necesidad de dar dentelladas a diestro y siniestro, nos mantiene con ganas de seguir en la fiesta. Porque pasarán estos tiempos duros y volverán las mieles. Todo es cíclico y en ese ir y venir de lo amargo a lo dulce está la gracia. Porque algunos saben, en su íntimo laberinto, que esa palabra de ánimo que das a otro te estás dando también un ánimo a ti mismo. Y lo practican y con ello nos salvan del abismo aunque a veces ni lo sepan.

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