El duende del Realejo

La asfixia del Centro Lorca

Hay cosas en esta Granada que no por increíbles si nos las contasen, dejan de ser menos ciertas en la realidad

Ahí anda la bella ciudad de Jerez, en la profunda y enigmática umbría de sus generosas bodegas, con la pretensión -absolutamente legítima- de optar a la capitalidad cultural de Europa, en clara rivalidad con Granada que, aunque le lleva una ventaja descomunal, no la hace desfallecer en su intento.

Pero, si bien parece clara la diferencia entre ambas candidaturas, no lo es menos que alcanzar el sueño en los laureles podría ser motivo para quedarse luego en el andén y perder esta prestigiosa carrera.

Hay cosas, circunstancias, situaciones, en esta Granada de nuestras entretelas, que no por increíbles si nos las contasen, dejan de ser menos ciertas en la realidad cotidiana, aún siendo extraordinariamente peregrinas. Me viene al pensamiento, por ejemplo, el caso del Centro Cultural Federico García Lorca, consorcio entre instituciones a cuya formación acudieron en su día -hace años ya- nuestro Ayuntamiento, la Diputación Provincial, la Junta de Andalucía y el Ministerio de Cultura. Cuando digo que acudieron me refiero a que lo fue con sus respectivas bolsas y patrimonio. No entraré en cómo ni por qué se determinó que una fundación, con el nombre del poeta granadino, resultó designada para administrar todo el dinero público que las administraciones fueron poniendo encima de la mesa para la consecución real de este edificio y proyecto cultural, administración sobre la que hemos de recordar -pues parece que se ha olvidado- surgieron por momentos obscuras y densas sombras, disipadas tras aceptarse, casi a la fuerza, aquello de que un pulpo es un animal de compañía y suceder que algún destacado miembro de aquella fundación se fue a por tabaco, con un puñado de millones -de pesetas o también de euros- en sus bolsillos. Y no volvió. Sobre lo que se hiciese al respecto o no, poco o nada ha trascendido después en medios de comunicación, corriéndose sobre el asunto -y de injustificable e inexplicable forma- el más tupido de los velos, lo que es sorprendente tratándose de intereses y dinero público.

Parece que las previsiones de organización se delatan ahora caóticas, ya abierto e inaugurado el Centro García Lorca. Su directora denuncia una plantilla laboral del todo insuficiente para el normal desarrollo de sus actividades, la asfixia económica es de horcas caudinas, la programación de actividades y exposiciones, en las actuales circunstancias, parece poco menos que imposible, mientras, los patronos miembros del consorcio, miran al cielo silbando alguna canción desesperada.

El alcalde Luis Salvador lo sabe muy bien. Son los frutos de la desorganización y de la imprevisión. Seguimos queriendo ser Capital Cultural. ¿O no?

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