El río de la vida

Un canguro en Pinos Puente

De locos, es de locos. Nos están haciendo vivir como si estuviéramos a punto de perecer en un terremoto

El miedo, la inquietud y el escepticismo han provocado que el de la fotillo de arriba ya no vea telediarios ni lea noticias relacionadas con el coronavirus. Seis meses ya de titulares negativos han hecho al susodicho cambiar de canal a la hora de los telediarios. El de la fotillo de arriba ya no necesita que le metan más miedo en el cuerpo. Ha dicho tres con la que saques y basta ya de tanta noticia inquietante. El de la fotillo de arriba piensa que el coronavirus, además de tenernos a todos acojonados, también ha servido para ocultar la incompetencia de los políticos. Los proyectos ciudadanos se paralizan eternamente porque hay un miedo al que atender y la frase más recurrente en los plenos y las reuniones políticas es esa de "hasta que no pase todo esto no podemos hacer nada". El de la fotillo de arriba está convencido de que no tenemos políticos lo suficientemente preparados para afrontar las crisis más urgentes. Y lo mismo que un buen médico es aquel que sabe los remedios para una enfermedad, un buen político es aquel que tiene la solución a un problema ciudadano. Pero ¡ay!, ha llegado el Covid y ya no hay problemas ciudadanos que solucionar.

El de la fotillo de arriba también está convencido de que gracias a las redes sociales se ha perdido ese olfato que tanto prestigio daba a la profesión periodística. Ahora alguien cuelga en internet que ha visto una pantera en Ventas de Huelma y allí van detrás los medios de comunicación y hasta la Guardia Civil a gastar tiempo y dinero para buscar a tan fantasmagórico felino. Ahora los vecinos de Ventas de Huelma no salen de sus casas por el miedo al Covid y a la pantera. Ya hubo un cocodrilo en el Pisuerga y no falta mucho para que alguien diga que ha visto un canguro en Pinos Puentes o un león en la playa de Almuñécar. De locos, es de locos. Nos están haciendo vivir como si estuviéramos a punto de perecer en un terremoto. Ya no podemos dar un paso sin esa aprensión que nos han instalado en el cerebro y hasta el más optimista está perdiendo la confianza en la raza humana. Menos mal que nos han dicho que ya no tenemos que saludarnos con el codo. Ahora hay que saludarse poniendo la mano en el corazón. Al de la fotillo de arriba ganas le dan de ponerse la mano en otro sitio.

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