El duende del Realejo

La condenada Lengua Española

Diego Martínez merece un reconocimiento público de la Granada culta, a la que estuvo entregado

Ayer recibí la tristísima y dolorosa noticia de la muerte de un buen y muy querido amigo, que no porque haya fallecido deja de haber sido, además de una muy buena persona, un ejemplar gestor cultural que dejó en Granada huella imborrable, en muchos ámbitos del mundo de la creación y del espectáculo, especialmente en el de la música, como es caso del prestigioso Festival Internacional de Música y Danza, del que fue inolvidable director durante un lustro, desde 2013. Hablo de Diego Martínez, jiennense de la renacentista ciudad de Úbeda, en la que también deja larga y profunda huella y memoria de su amorosa y muy efectiva actividad cultural.

No voy a hacer un panegírico al uso sobre su brillante personalidad y carismática humanidad, estoy -a qué negarlo- demasiado afectado para hacerlo como merece. Casi de modo curricular ya se ocupó su paisano, el periodista granadino de Bailén, Andrés Cárdenas, tan querido, también, y familiar para nosotros, desde las páginas de este mismo diario Granada Hoy. Diego Martínez, sin duda, merece, además, un mayor reconocimiento, un público y participativo reconocimiento de la Granada culta, a la que estuvo entregado desde que comenzó su trabajo por estas geografías, en la dirección y conservación del nutridísimo Archivo Manuel de Falla. Queda pendiente, pues por ahora la maligna Covid-19 nos lo impide, para hacerlo como bien merece.

Y al írsenos, nuestro querido Diego Martínez, ha venido casi a coincidir en fechas con la aprobación inicial, en el Congreso de los Diputados, de la nueva Ley Orgánica para la Educación. Auténtico bodrio legislativo según muchos. Por fuerza, la casi coincidencia en fechas, nos ha invitado a establecer comparaciones, que no siempre son odiosas, pues nos permiten discernir y separar la tierra fértil de las piedras que agostan la labor, en el huerto siempre difícil de la cultura. Y así como Diego Martínez, yéndosenos a sus cincuenta y siete años, con toda una vida dedicada con brillantez innegable al fomento del mundo cultural -especialmente el de la música- entregado en cuerpo y alma a la creación y posterior desarrollo de acontecimientos y eventos musicales -en su caso en las provincias de Jaén y de Granada- otros, mucho más poderosos, teniendo la oportunidad y los medios, en cambio, aprovechan la ocasión, para sumirse en el sectarismo más indecente y en la prostitución ideológica por el poder, en detrimento del interés general de la cultura nacional española.

Si una ley para la educación, elaborada por el actual (des)Gobierno socialcomunista, ya prevé condonar en la praxis la expansión y el desarrollo de la lengua nacional -que es la española- cabe preguntarse ¿Para quién y para qué trabaja, realmente, este (des)Gobierno que sufrimos? ¿O no?

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