Puto paraguas

11 de febrero 2026 - 03:07

Me adelanto a San Valentín y voy a contarles una historia que es de amor y de desamor a la vez. El protagonista es un amigo mío que si digo su nombre quedo mal con él. El caso es que un día ya lejano fue a una floristería a comprar un ramo de rosas para su madre, pues ese día la mujer cumplía años. Como el cielo estaba nublado y por entonces no había móviles que te dijeran si iba a llover o no, y teniendo en cuenta que mi amigo es muy prevenido, salió de casa con un paraguas. Llegó a la floristería, encargó el ramo de flores y pidió que lo llevaran a casa de su madre. De vuelta, cuando ya iba por mitad del camino, comenzó a lloviznar y se dio cuenta de que se había dejado el paraguas en la floristería. Estuvo dudando si volver o no. El paraguas no era caro y podía darlo por perdido, pero por otro lado pensaba que le podía hacer falta. El caso es que volvió. Cuando llegó, la lluvia ya se había establecido en el ambiente. Entró a la floristería y vio que una chica morena y bastante guapa había cogido su paraguas y se disponía a salir. Perdone –le dijo–, ese paraguas es mío. La chica se puso un poco colorada y le dijo que sí, que lo había cogido porque lo había visto olvidado en el paragüero y creía que nadie lo iba a reclamar. Mi amigo la miró a los ojos y, zas, apareció San Valentín, que sacó una flecha de su carcaj y le dio en todo el corazón. Convencido de que acababa de encontrar al amor de su vida, le propuso compartir paraguas hasta una cafetería y esperar a que escampara. Ella se sintió algo incómoda, pero al final aceptó. Durante el tiempo que pasaron en la cafetería mi amigo quedó totalmente prendado de la chica. En ella también prendió la llama del amor. Total, que tras un año y pico de una relación apasionada y llena de deseo, se casaron. Han pasado casi treinta años de aquello. El amor se ha apagado y la pasión ya no está ni se le espera. Llegaron la rutina, las prisas, los silencios largos, las discusiones pequeñas que se hacen grandes… Ahora cada vez que discuten, mi amigo maldice el día que decidió volver a por el paraguas y exclama: ¡Puto paraguas! Y si alguna vez se le olvida alguno en cualquier sitio, ya nunca vuelve a por él. “Vayamos a pollas”, dice

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