El río de la vida

Un 'simpa' al alcalde de Granada

A Luis Salvador, como a César, ya le han dado todas las puñaladas, justificadas o no, que había que darle

Hay una apuesta ciudadana por conocer cuantas putadas o desaires está dispuesto a aguantar el alcalde de Granada antes de abandonar el sillón al que se ha atornillado en un ejercicio de clara supervivencia o de pura cabezonería, según quién esté al otro lado del catalejo. El otro día los concejales del PP y del PSOE le hicieron en el pleno un 'simpa' y dejaron que el alcalde pagara la minuta. Como dicen que le hicieron los empresarios andaluces a Nicolás Osuna en un restaurante de Sevilla, que esperaron que fuera el granadino a mear para salir corriendo y dejarle que se hiciera cargo de la cuenta. No como broma, sino como lección de que de vez en cuando hay que apoquinar en los saraos colectivos. Pero ahora estamos hablando del alcalde, de Luis Salvador. En un cómic de piratas sería ese capitán que se ha agarrado al mástil en el que está la canasta del oteador en ese barco que está a punto de hundirse. No se suelta ni a palos, esperando a que pase un barco y se haga cargo de su desamparo. A todo esto, los granadinos ya no saben si reír o llorar por la situación en la que se ha quedado el Ayuntamiento, que si funciona es porque los cojinetes del motor que lo sustenta aún tienen la grasa que le aporta la rutina. A mí esto que está pasando me recuerda aquella escena de El guateque en la que por mucho que le disparan al Peter Sellers en el rodaje de una película, éste nunca se muere y sigue tocando el cornetín porque no quiere que se acabe la escena. Todos los concejales, menos uno, han abandonado sus tareas municipales en una actitud parecida a los diputados de la Sucesión Aventina, que no quisieron gobernar mientras estuviese en el poder Mussolini. Y por huir de él lo han hecho hasta sus dos compis de partido, los que no ha mucho lo aclamaron con palmas y hosannas: Manuel Olivares, que un día comparó a Salvador con el Steve Job de la política, y Lucía Garrido, que todo el mundo sabe que estuvo en la lista de Ciudadanos gracias a la amistad entre su madre, Mariquilla, y Malú, la pareja de Albert Rivera, otrora mandamás de la opción naranja. A Luis Salvador, como a Julio César, ya le han dado todas las puñaladas, justificadas o no, que había que darle. Ahora solo hace falta esperar a que expire.

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