La peor forma de salir del descenso (1-1)
Granada-espanyol
Un gol en propia meta de Miguel Lopes evita el triunfo de un Granada condicionado por la autoexpulsión de Barral, que deja a los suyos con uno menos más de una hora.
Con la cara de tonto que a uno se le queda después de conceder un empate en casa con un gol en propia meta a menos de diez minutos para el final, encima el Granada tiene que dar gracias por un punto que no deja de ser insuficiente para las aspiraciones de permanencia del equipo. Más que nada porque este empate salta la banca y cambia las cuentas del equipo, que contaba con ganar todo lo que quedaba en casa y ya han volado dos puntos. El nacimiento, nudo y desenlace del encuentro de anoche contra el Espanyol tuvo un único nombre: David Barral. Cuesta entender que un jugador a su edad y su experiencia se borre de la manera en la que lo hizo anoche. Dos amarillas vio el gaditano en el transcurso de 27 minutos, la primera de ellas en el 4. Todas justas, reglamentarias, por entrar al contrincante con el codo por delante. El ariete que se prometía clave lo fue, pero de la forma inversa a lo que se pretendía de él. Dejó a los suyos durante más de una hora con un jugador menos y eso, al final, costó el empate.
El Granada sale del descenso pero con un botín que pesa lo mismo que el que empuja hacia abajo a Getafe, que es el que pasa a ocupar el puesto de los rojiblancos en el hoyo, y el Rayo Vallecano, próximo rival en Los Cármenes. Sin embargo, el partido de ayer exigía victoria y los de José González se estaban haciendo acreedores de ella de forma muy tibia, con argumentos tan poco pretenciosos como una película de la época del destape. El equipo se adelantó gracias a una jugada de fe de Success culminada por Rochina, y luego vio cómo el Espanyol le igualaba con un gol el propia meta de Miguel Lopes en pleno repliegue del Granada, al que le habían cogido un contragolpe, algo inadmisible estando con diez y a escasos minutos del final.
En el fondo, el empate fue justo porque, aunque por poco, el Espanyol expuso algo más. Sobre todo en la fase de igualdad numérica, los pericos dieron la impresión de tener las ideas más claras para atacar. Cuatro ocasiones más o menos claras para los blanquiazules por sólo dos medio intentos de un equipo rojiblanco bloqueado para irse hacia la meta de Pau López con el sistema de 1-4-4-2 al que se agarra José González, a pesar de que la experiencia en sus cuatro encuentros como técnico granadinista le invitan a pensar que hace falta variar el dibujo para hacer daño.
Once contra once, el Espanyol trató de explotar las bandas, sobre todo la izquierda, el auténtico cáncer que a duras penas intenta contener el equipo. Marco Asensio y Hernán Pérez trataron de buscarle las cosquillas a Biraghi. Dos de las primeras acciones peligrosas del conjunto de Galca se fabricaron a la espalda del transalpino. La primera en una salida desde atrás en la que el balón le llegó al paraguayo, que centró con peligro y la zaga local no acertó a despejar con contundencia (8'). La segunda sobre el flanco de Biraghi llevó el nombre de Asensio, una de las futuras estrellas que el Real Madrid tiene formándose fuera de la casa blanca. El joven internacional le tomó el pelo al italiano, que al menos le cerró y le dejó sin ángulo para disparar o centrar con peligro.
El Granada volvió a abusar del balón en largo ante un Espanyol ordenado. Demasiado fácil para la zaga perica. Sólo si Success o Rochina, cada vez más irrelevante escondido sobre la línea de cal, lograban bajar una de esas pelotas podía pasar algo. Pero ese argumento es muy pobre en Primera y ante un equipo que tiene otro problema gordo. Y es que hay muy poca movilidad de los hombres de arriba y así el equipo se atasca y acaba sirviendo balones en horizontal por hombres que no deben, como Lombán o Doucouré, que no tienen entre esas sus virtudes.
Justo antes de la expulsión de Barral, Gerard Moreno acarició el 0-1 con un disparo que rozó el travesaño (26'). Una vez con uno menos el Granada, el equipo pareció mejorar, pero eso estando con diez siempre es un espejismo. El guión se simplifica: todos atrás y a correr al contragolpe. Curiosamente, el Espanyol sufrió el golpe de la roja, igual que el Granada en el Villamarín. La ocasiones fueron granadinistas de ahí al descanso. Ricardo Costa peinó un centro de Rochina pegando al poste y luego llegó el gol. Success pelea una pelota y la recupera, se cuela en el área perdiéndose en gambetas pero al menos intenta dar un pase que rebotó en un defensor y que llegó a Rochina, entrando en carrera, y fusilando el marco rival. El Arabi estaba en fuera de juego pero la pelota sólo le pasó al lado. 1-0 y una segunda parte entera para aguantar.
Y el Granada lo hizo. Dos líneas de cuatro y El Arabi en punta. Tan en punta que cayó excesivamente en fuera de juego. Tres ocasiones de quedarse sólo ante Pau López acabaron con el banderín levantado del asistente. Debió matar el partido el Granada, que no tuvo más ocasiones de gol desde el 51', cuando un pase al corazón del área de Success le faltó menos profundidad para que llegara El Arabi.
Desde el 65', el dominio perico se hizo más evidente aunque hasta los últimos diez minutos sólo una vez remataron con peligro. Álvaro González tuvo dos cabezazos claros que mandó fuera. Entró Sylla y fijó a los centrales granadinos. Suya fue la ocasión que precedió el empate, en un remate de testa picado que sacó a córner Andrés. Los intentos visitantes morían sin hacer temblar al Granada. De forma imperdonable, al equipo le cogieron una contra. La conducción de Abraham acabó en Hernán Pérez, que centró raso. Miguel Lopes se anticipó, tocó la pelota y despistó a Andrés. Empate a menos de diez minutos. El palo, que llegó cuando el equipo veía muy cerca el milagro de ganar con diez, dolió.
Al final el Granada se conformó con el reparto de puntos y el Espanyol también. No es la manera esperada de salir del descenso. Hay que reformular las cuentas.
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