pasado con presente incluido

Carlos Ballesta, el cirujano bibliófilo

  • Fue el primero que desarrollar las técnicas de la cirugía de la obesidad por laparoscopia en España

  • Ha creado una fundación que lleva su nombre para divulgar el pasado musulmán de Granada

  • Es autor de novelas históricas y decenas de tratados sobre su especialidad médica

Carlos Ballesta, en la actualidad. Carlos Ballesta, en la actualidad.

Carlos Ballesta, en la actualidad. / A. C.

Ya que es de pajarita perenne en el cuello, se le echa en falta el bastón de bambú, la leontina y el sombrero panamá para parecer un caballero de otro tiempo. Le gustan las chaquetas de colores vivos y es de esas personas que irremediablemente miras si pasa por tu lado. Es de natural cálido en sus modales y ante él se tiene la impresión de que su robusta prestancia está en razón directamente proporcional a la prodigalidad de su afecto. No le hace falta en absoluto esforzarse para mostrar una risa franca y abierta, que alterna con el aspecto de un investigador ensimismado, con tic de ojo incluido, que se dispone a refutar una teoría de cualquier adversario de ocasión. Es peleón en la lucha dialéctica y tolerante con los que no opinan como él. Y es un hombre con tanta mundología que tan pronto está de comensal en la mesa con un jeque árabe que desayunando churros en una modesta cafetería del Albaicín. Lo mismo está operando a una persona con obesidad mórbida que lo puedes encontrar en cualquier mercadillo de lo antiguo buscando piezas de arte, legajos y documentos que tengan que ver con el pasado de Granada. Se trata de uno de los más notables bibliófilos españoles sobre temática morisca.

Nació por casualidad en Tejeda porque su padre, médico, había sido represaliado por Franco

En su colección de libros hay verdaderas joyas bibliográficas. Su avidez por coleccionar piezas de arte –tiene casi 2.000– le ha llevado a viajar por numerosos países de todo del mundo. Tal vez esa apasionada búsqueda del pasado le haya hecho interesarse por escribir novelas históricas, en cuyas páginas pone aquello que le ha impresionado de la Edad Media: desde la historia de Beatriz de Salcedo, la morisca granadina que participó en la conquista de Perú; a la vida de Diego Hurtado de Mendoza, el diplomático y humanista granadino que tanto tuvo que ver en el imperio de Carlos V.

Ha creado una fundación que lleva su nombre y parte de sus obras de arte se exponen en el Museo de la Alhambra. También es considerado uno de los padres de la técnica llamada laparoscopia, que permite intervenciones quirúrgicas de invasión mínima para curar o corregir enfermedades. En la prensa lo han llamado ‘doctor Milagro’ porque ha conseguido que personas de 400 kilos puedan levantarse de la cama y andar como cualquiera puede hacerlo. “Teo, levántate y anda”, le dijo después de operarlo al último paciente valenciano que no podía caminar debido a su sobrepeso. La labor científica y docente ha sido reconocida con numerosos nombramientos y premios en diferentes países del mundo: doctor honoris causa por varias universidades, premios en diferentes congresos y medallas de sociedades médicas a las que pertenece. Médico, escritor, humanista… su sensibilidad la pone allá donde está la vida que él ha concebido como tal. Se llama Carlos Ballesta López.

En el Carmen de Aben Humeya

Conozco a Carlos Ballesta desde hace ya tiempo, desde que nos presentó Gregorio Jiménez con la premisa de que ambos, en nuestros ratos libres, nos dedicábamos a escribir novelas. “Seguro que tenéis mucho en común”, recuerdo que me dijo nuestro presentador. Desde entonces han sido muchas las quedadas en que ambos hemos hablado de lo que más nos gusta: de historia y de literatura. En esta ocasión hemos quedado en la terraza del Chikito, pero después de una cerveza hemos creído conveniente irnos al Carmen Aben Humeya, en la cuesta de las Tomasas, que es de su propiedad y en donde ha instalado la Fundación que lleva su nombre.

–¿No estarás interesado en venderle el Aben Humeya a un árabe?– le pregunto con cierta ironía tras comentar ambos la noticia de la venta reciente por 15 millones de euros de un carmen granadino al emir de Qatar.

Lo mismo está operando que lo puedes encontrar en cualquier mercadillo

–¡Noooo! En los años noventa ya quiso comprármelo por una millonada aquel jeque que vino a Granada y plantó su jaima en el Cerro del Sol, pero no era mi intención venderlo. Ni entonces ni ahora.

Cuando llegamos al carmen de Carlos el día se ha comido ya la mitad de la tarde. Septiembre ya da sus razones del porqué hay que pensar que se ha acabado el verano. El viruji vespertino hace que acudamos a una mesa resguardada del restaurante que hay a la entrada del recinto y que regenta Angela, una de sus hijas. Las nubes recorren el cielo y de vez en cuando salen rayos de sol que proporcionan la tonalidad del membrillo a la Alhambra. Para mí, una vista del palacio nazarí desde el Albaicín me libera más completamente de lo que a otro liberaría un viaje a cualquier parte. Allí, Carlos me cuenta que nació por casualidad en Tejeda, un pueblo de Las Palmas de Gran Canaria, porque su padre, médico, había sido represaliado por Franco y enviado a ese lugar de España.

Con su padre. Él, de niño, está subido a una enorme bola de nieve. Con su padre. Él, de niño, está subido a una enorme bola de nieve.

Con su padre. Él, de niño, está subido a una enorme bola de nieve.

–En Tejeda estuvimos poco tiempo. Unos dos años. Toda mi infancia la pasé en los pueblos almerienses de Alboleas y Macael, donde mi padre ejerció de médico y, sobre todo, de traumatólogo. Allí había muchos accidentes laborales debido a los trabajos en las canteras y mi padre era el que cosía y reparaba las heridas de los accidentados. Viendo ejercer a mi padre se despertó en mí la vocación por la Medicina. Ahí empezó todo.

Carlos es un niño de la postguerra, pero recuerda su infancia sin demasiadas penalidades.

–En mi casa no se pasaba muchos apuros, todo sea dicho. Mi abuelo era marchante de granado y mi abuela tenía una carnicería. Yo era un niño muy precoz. Con tres o cuatro años ya sabía leer y recuerdo que leía en voz alta el periódico a los adultos. Se me ha quedado grabado en la memoria el día en el que estando leyendo el periódico mi hermano menor se subió a una escalera y me meó desde arriba, jajajaja. Recuerdo una infancia de mucho juego y mucha pesca. Íbamos en los veranos a pescar al río anguilas y barbos. ¿Sabes cómo los pescábamos? Con una banderilla de los toros.

De joven, en los toros con su hermana. De joven, en los toros con su hermana.

De joven, en los toros con su hermana.

Con seis años su padre lo envía interno a estudiar al colegio de la Abadía del Sacromonte. El bachiller lo hizo en la Academia Fides y a los 18 años ingresó en la Facultad de Medicina, donde al poco tiempo es nombrado delegado de curso.

–Recuerdo aquella etapa como de mucho trajín, de muchas manifestaciones en contra de Franco y corriendo delante de los grises. Yo era un joven muy combativo. Siendo delegado tuve un encontronazo importante con el catedrático de Anatomía Genis Gálvez, que quiso modificar la nota de corte de entrada a la Facultad después de haber pactado entre él y yo cuál sería dicha nota. Le dije que si la modificaba le montaba una huelga que le paraba la Facultad. Al final cumplió con lo que habíamos pactado.

Termina la carrera con un expediente brillante y en cinco años, en vez de seis. Se va a Barcelona porque quería hacer la especialidad de cirugía y allí aprende a operar de la mano de Alfonso Cayo. En la ciudad condal se especializa en Medicina Interna en el Sagrado Corazón y en Cirugía General del aparato digestivo en lo que antes era el Hospital Príncipe de España y hoy es el Hospital Universitario de Bellvitge. Enseguida empieza a destacar en su especialidad y a los cuarenta años es nombrado secretario de la Asociación Europea de Video-cirugía.

–Me gustaba mucho operar y quería aprender de los mejores. Por eso en fundé la primera video-revista de cirugía que funcionó durante 25 años. Llegó a editarse en inglés, francés, italiano y castellano. De este modo, cualquier médico de España podía ver operar al profesor más famoso del mundo. Y esto supuso un avance muy importante en la medicina.

Su siguiente etapa será Tolousse. Allí, con otros seis médicos de distintas nacionalidades, desarrolla las técnicas laparoscópicas.

–La laparoscopia es una cirugía mínimamente invasiva que supone menos infecciones, menos dolor y una recuperación más rápida. Todo son ventajas. Fuimos los pioneros. ¡Hasta yo diseñé algún que otro instrumento para operar con esta técnica! Después volví a Barcelona y allí, en el hospital de Bellvitge montaron un quirófano experimental. Desde el 92 hasta el 2000 impartí cursos para enseñar la práctica a otros médicos de España. Más tarde impartí esos cursos en América Latina y traté de expandir allí la técnica de laparoscopia. Recuerdo que en muchos sitios nos trataban de locos y hubo quien nos denunció por mala praxis, pero poco a poco conseguimos que la técnica fuera reconocida en todo el mundo.

Comenta Carlos que ha debido formar a más de mil cirujanos. La tarea docente la considera primordial. Dice que la medicina es un don que Dios da a ciertas personas y como tales tienen que pasar el testigo a los demás para ayudar a la sociedad. También me cuenta que ha pasado muchas vacaciones ayudando a la gente y operando gratis en hospitales de países de Latinoamérica, Argelia o Yemen.

Pionero en laparoscopia

En España es el pionero en utilizar a la cirugía laparoscopia para intervenir de obesidad. En el año 1995 operó a una chica de 23 años que pesaba 180 kilos. El último caso ha sido el de ese joven valenciano que pesaba 400 kilos y que estaba anclado a la cama sin casi poder moverse.

–Les cambias la vida. No es justo que no hagamos nada por una persona que pese 200 o 300 kilos. Hay que ayudarles. Muchos de mis pacientes que antes ni podían andar a causa de la gordura, ahora hacen una vida normal. Este chico último, Teo, pesaba cuatrocientos kilos y nadie se atrevía a operarlo. Yo lo hice aquí en Granada. Ahora pesa menos que la mitad. El otro día me envió un vídeo andando por el cauce de un río, con los pies metidos en el agua, algo que decía que soñaba desde que no podía moverse.

En el quirófano. En el quirófano.

En el quirófano.

En 2002 Carlos Ballesta deja el hospital de Bellvitge y crea su propio centro laparoscópico. Opera en tres ciudades: Barcelona, Madrid y Granada. En nuestra ciudad en la Clínica Inmaculada.

–Ahora estamos especializándonos en la cura de la diabetes. Nos hemos dado cuenta de que hay un tipo de diabetes que se puede solucionar con la cirugía que practicamos. Estoy convencido de que, dentro de las intervenciones de digestivo, será la operación más común que se haga en diez años.

Pero si la Medicina es importante en la vida de Carlos Ballesta, no lo es menos su dedicación a la cultura. Partidario acérrimo del poder regenerador de la cultura, Carlos me cuenta que tenía la necesidad de crear una fundación capaz de divulgar y poner en valor el rico patrimonio reunido a lo largo de su vida y que está destinada a promover, apoyar y financiar la difusión de la historia del reino de Granada de los siglo XVI y XVII, así como de los periodos históricos anteriores y posteriores estrechamente ligados a la expulsión de los moriscos, tanto en España como en todos aquellos países que en algún momento de su historia estuvieron estrechamente relacionados con su diáspora.

En el centro, con varios amigos. En el centro, con varios amigos.

En el centro, con varios amigos.

Pero es que además tiene tiempo para novelar el pasado. Su conocimiento sobre el Islam y el pasado de Granada le ha hecho escribir, con un porcentaje muy alto de rigor histórico, novelas como El misterio del Carmen, El hombre del Emperador, Beatriz de Salcedo, la esclava blanca, El señor de la seda o La cocina del sultán. Ahora, me cuenta, está preparando una Historia de España para niños. Así que la pregunta obligada de cualquier periodista es de dónde saca tiempo para tanta actividad.

–Soy una persona que duerme muy poco, entre cuatro o cinco horas y que pasa mucho tiempo en los aeropuertos y en los viajes en AVE. Ahora vengo a Granada en AVE, pues ya tengo ahí dos o tres horas que dedico a investigar y a leer. Luego tengo los fines de semana, que aprovecho para escribir.

Otra pregunta, ya más como amigo que como periodista, es si Gema, la mujer con la que comparte vida, no se queja por tanta actividad fuera del domicilio familiar.

–Bueno, Gema está conmigo casi siempre porque es enfermera y es la que me ayuda a operar. Ella me comprende. ¡Ay! ¡Qué haría yo sin ella!

Ataviado de chaqueta de color granate, camisa de rayas y pajarita floreada, Carlos Ballesta va propalando por el mundo un humanismo que en un futuro no muy lejano se puede echar en falta.

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