Recuerdo

Un lustro con el luto de Luis Oruezábal

  • Afable, generoso, voluntarioso, 'Chikito' era de esas personas que lo sazonaban todo con una sonrisa

Un lustro con el luto de Luis Oruezábal Un lustro con el luto de Luis Oruezábal

Un lustro con el luto de Luis Oruezábal / G. H.

El nombre de 'Luis Chikito' todavía está en mi agenda de contactos en el teléfono móvil. Hace cinco años que se ha muerto y yo no he borrado aún su nombre de mi listado. Tampoco he quitado de ese listado a Melchor Sáiz-Pardo, a Juan de Loxa y a Pepe Ladrón de Guevara. No sé, yo creo que no los he borrado porque todavía viven en mí. Y porque también creo que les haría un feo.

Me piden desde este periódico que escriba un recuerdo o haga una elegía de Luis Oruezábal porque hace un lustro que estamos sin él. Yo creo, que como decía Manuel Alcántara, hay personas a las que no hay que hacerles elegías, en todo caso hay que hacerlas a los que nos quedamos sin ellas. Y es que Luis nos mejoraba con su existencia.

Afable, generoso, voluntarioso, era de esas personas que lo sazonaban todo con una sonrisa. Por mérito propio ya forma parte de la historia de Granada. Sus padres eran burgaleses y vino acá a jugar al fútbol procedente de Argentina, en aquellos tiempos en que los jugadores se drogaban con las líneas de cal que delimitaban el campo.

Creó un restaurante que se ha convertido en un emblema de Granada. Y allí tuvo instaurado su trono.

Tal era su pasión. Cuando se cansó de darle patadas a un balón o el fútbol le dio el correspondiente puntapié debido a la edad y a las lesiones, creó un restaurante que se ha convertido en un emblema de Granada. Y allí tuvo instaurado su trono. A veces, cuando voy al Chikito a esas reuniones que tenemos allí los jueves unos cuantos jubilados del periodismo, creo verle sonreír en una parte de la barra, desde donde se dirigía con los brazos abiertos a todos los amigos que llegaban al local.

Luis lo pasaba muy bien estando allí, hablando con todos, invitando a sus amigos: ¡Oye, tú, tómate algo antes de irte! Siempre con la cabeza en combustión, inventando cosas para el negocio y para el futuro, jamás pudo imaginar que el futuro pasaba por la mala combustión de una chimenea, y perdonen el juego de palabras.

Recuerdo una vez que me contó que había soñado que entraba en su restaurante su compatriota el Papa Francisco. Y que cuando se fue colocó el vaso en el que había bebido el Sumo Pontífice en una hornacina y a la silla en la que sentó le puso su nombre. Y que luego iba un montón de gente a ver en donde se había sentado el Papa y en donde había bebido, pero que nadie se quedaba a comer. El sueño se convirtió en pesadilla. Luis nos contaba esos sucedidos con la gracia que tienen aquellos que vienen del planeta de los elegidos. Hay gente que se muere y gente que se nos muere. Y Luis se nos murió a muchos.

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