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Granada se sale

Precisamente ahora es cuando lo más importante es la responsabilidad colectiva, la de cada una de nosotras

Tras una semana de ansias, la ciudad de Granada ha entrado, como casi todo el resto del país, en ese nuevo escenario que se llama fase 1. En esa nueva fase, para alegría de todas, podemos no solo pasear: también acudir a los comercios de menos de 400mts sin cita, sentarnos en las terrazas de los bares (¡benditos bares!), ir a casa de familiares o amistades, montarnos en el coche toda la familia, desplazarnos por toda la provincia…

Claro que, en todos los casos, respetando escrupulosamente las normas de seguridad que, a estas alturas, están más que difundidas por cualquier medio posible.

Pero precisamente ahora es cuando lo más importante es la responsabilidad colectiva, la de cada una de nosotras. Porque pasar de fase, sea cual sea, no es un concurso de méritos ni una carrera a ver quién lo consigue antes: solo cuando se cumplan los requisitos establecidos (de número de contagios, de preparación del sistema de atención primaria, de recursos sanitarios…) será el momento de pasar de una fase a otra. Y, desde luego, conviene que todas las administraciones hagan sus deberes: la ciudadanía no puede enfrentarse con sus medios y su responsabilidad, solo, a la vida cotidiana.

Está muy bien que se nos recomiende y hasta que se nos exija el uso de mascarillas o de guantes. Pero que los centros escolares deban atender de manera presencial las solicitudes de plaza para el curso 20/21 con un puñado de mascarillas (entregadas por la Junta de Andalucía) y sin nadie que limpie y desinfecte los colegios no es de recibo. Como tampoco es de recibo que los servicios sociales comunitarios, un servicio extraordinariamente esencial en estas circunstancias, sigan funcionando a medio gas. Y esa era responsabilidad del ayuntamiento, donde PP y Cs, más que gobernar, parece que están a verlas venir.

La única justificación de esta vergonzante situación es que en los 67 días que llevamos de estado de alarma, quien debía planificar la prestación de los servicios, quien debía tomar las decisiones encaminadas a garantizar la salud de quienes trabajan y quienes usan los servicios municipales no ha hecho sus deberes. Y eso quiere decir que está incumpliendo su responsabilidad.

No parece que hicieran falta poderes paranormales para anticipar la compra de mamparas de metacrilato o para organizar turnos entre el personal disponible o para establecer fórmulas telemáticas con las que manejarse. De hecho, eso es lo que ha ocurrido en la mayoría de ayuntamientos de este país. Aunque la mayoría no son todos. Granada se sale.

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